29.1.14

El Imperio Jázaro y Los “Judíos” Sumerios - Otra Cruel Mentira de La Historia Oficial

El Sionismo es un movimiento creado por los Rothschilds para fundamentar la falsa reclamación de la tierra que conocemos ahora como Israel y que pertenece por derecho histórico a los palestinos.

Mucha gente cree que ‘sionismo’ es sinónimo de ‘judío’ pero es en realidad un movimiento político, diseñado, financiado y promocionado por la Casa de Rothschild con el fin de la creación del estado de Israel. La reclamación de una “madre patria” de los judíos en la antigua Palestina fue desde el principio una estrategia de los Rothschilds, con ayuda de su red secreta establecida a nivel global.

Un nieto de los Rothschilds apuntó que,

“los Rothschilds habían creado el estado de Israel como su juguete personal para hacerles más ricos y poderosos”.

Son hechos probados que los Rochschilds, siempre a través de sus agentes, financiaron a los primeros pobladores del nuevo estado de Israel, manipularon los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y el ascenso nazi en Alemania (a través de Warburg y la IG Farben) y más tarde emplearon el argumento de la persecución y holocausto de los judíos por parte de la Alemania Nazi, para conseguir su objetivo final, que no era otro que crear su propio “feudo” en Palestina donde la gente pudiera ser controlada y abusada desde su creación: Israel.

El plan se denominó “Sionismo” y la planificación ya había comenzado en el siglo XIX, cuando se comenzó a reclamar, por medio de políticos a sueldo de los Rochshilds, la necesidad de crear un estado en Palestina para que los judíos “volvieran” a su 'madre patria'.

Para aclarar definitivamente lo que es el sionismo veamos lo que dice en una carta a la ejecutiva sionista en Diciembre de 1938 David Ben Gurion, el primer ministro de Israel:

Salvar vidas humanas de judíos de las manos de Hitler aquí está considerado como una amenaza potencial para el Sionismo, a menos que éstos sean traídos a Palestina. Si el Sionismo tiene que elegir entre los judíos y el Estado Judío, preferirá siempre, y sin dudarlo, lo último.

Queda claro entonces que el sionismo no es otra cosa que una forma particular de fascismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los movimientos sionistas apoyaron de forma continuada a los grupos de extrema derecha e ignorando siempre los cargos criminales contra estos.

El escritor canadiense Grez Felton escribió:

“Israel no sería posible hoy si el Congreso Sionista Mundial, y otras agencias sionistas, no hubieran hecho frente común junto a los exterminadores de Hitler para librar a Europa de los judíos. A cambio de sabotear la resistencia judía, ayudar a exterminar a los judíos no-sionistas y traicionar la confianza de los judíos, los sionistas se aseguraron el pasaje a Palestina”

La población árabe que vivía en Palestina fue expulsada o eliminada, para lo cual el propio estado sionista apoyaba a grupos terroristas que realizaban dicha labor.

Algunos de los líderes de aquellos grupos terroristas fueron Nenachem Begin, Yitzzhak Shamir y Ariel Sharon, todos ellos llegarían a ser posteriormente primeros ministros de Israel que profusamente condenaron el terrorismo árabe (precisamente ellos, que habían liderado grupos terroristas sionistas durante años en Israel).

Israel, hoy por hoy, es lo que sus creadores soñaron: un estado absolutamente militarizado, basado en castas, jerárquico, fascista, racista, donde, por ejemplo, está prohibido hablar árabe en la escuela y para proporcionar una vivienda el Estado aplica un sistema de selección discriminativa basado en la genética y la nacionalidad de origen (primero los ashkenazi de Europa, después ashkenazi de Estados Unidos, después judíos sefarditas y por último musulmanes, cristianos y otros.)

Sin embargo, tal vez a alguno le sorprenda saber que no existe tal cosa como la raza judía. Ser judío significa profesar una fe, pero no existe la raza judía, como tampoco existe la raza aria. Hay judíos chinos, americanos o españoles.

Raphael Patai en la Encyclopaedia Británica escribe:

“Los hallazgos de antropología física, al contrario de la creencia generalizada, muestran que no existe la raza judía. Las medidas antropométricas de grupos judíos en muchas partes del mundo indican que difieren enormemente unos de otros con respecto a las características físicas más importantes; altura, color de la piel, masa encefálica, índice facial, grupos sanguíneos, etc.”

Harry Shapiro emitió un informe para la UNESCO en los mismos términos indicando el enorme polimorfismo de los judíos en el mundo.

 Sin embargo, cuando se habla de 'judío', a muchos les viene a la mente un individuo con nariz aguileña y determinados rasgos faciales muy característicos; otros asocian a los judíos con individuos extremadamente bien dotados intelectualmente que destacan en el mundo intelectual y están generalmente considerados como hábiles para las finanzas, las matemáticas y otras materias que requieren un alto grado de abstracción.

Veamos sin embargo qué son lo que nosotros habitualmente llamamos “judíos” (aunque ni siquiera sepamos la religión que profesan algunas personas a las que a priori clasificamos como “judíos”).

Benjamín Freedman, un negociante judío en New York, que había criticado abiertamente el Sionismo tras la Segunda guerra Mundial y que estaba relacionado personalmente con figuras políticas destacadas tales como Woodrow Wilson o Joseph Kennedy dijo:

“¿Cuáles son los hechos acerca de los Judíos? Yo les llamo judíos ahora, porque así se les conoce, pero yo mismo no les llamo judíos, yo me refiero a ellos como “los así llamados judíos” porque sé perfectamente lo que son… No hay ni uno solo de ellos cuyos ancestros haya pisado jamás la Tierra Prometida. ¡Ni uno solo de ellos!.

Y sin embargo, van a los cristianos y les piden ayuda para formar una insurrección armada contra los palestinos. “¿Quieres ayudar a repatriar a los Hijos Elegidos de Dios a la Tierra Prometida, ¿verdad? Es tu deber cristiano”, pero es tan ridículo llamarles “hijos de la Tierra Sagrada” como sería llamar ‘árabes’ a los 54 millones de chinos musulmanes”.


¿A qué se refiere Freedman aquí? ¿Es que acaso los judíos no provienen de Oriente Medio como nos han hecho creer durante años?

Escritores judíos muy valientes como Arthur Koestler han confirmado que los judíos no tienen una reclamación histórica de la tierra de Israel porque ellos no se consideran los judíos bíblicos y ciertamente no son semitas (los pueblos semitas son los que están localizados en el norte de África, incluyendo Sudán y Etiopia y Oriente Medio desde Siria e Irak hacia el Sur incluyendo Yemen y Oman). Los verdaderos orígenes de la gran mayoría de los “judíos” se remontan a los ‘jázaros’, sumerios que llegaron a ser conocidos bajo ese nombre en las regiones del Sur de Rusia y montañas del Cáucaso.

Los historiadores creen que los jázaros provienen de los Hunos, tribus turcas que invadieron Europa llegando desde Asia Central, Siberia, China y Norte de la India. Los jázaros vivieron como mercaderes, llegaron a controlar un vasto imperio y su influencia se extendió hacia lo que hoy es Polonia, Austria, Rumania, Hungría, etc. Eran adoradores del falo y realizaban ritos de sacrificio humano.

 Sobre el 740 DC el Rey de Khazaria (Jazaria), el Rey Bulán, adopto el judaísmo por razones políticas, para no desaparecer siendo absorbido por los reinos cristianos al oeste y los musulmanes al oeste. De manera que el 90% de lo que hoy llamamos “judíos” descienden de estos jázaros que poblaban la región central de Rusia y Europa del Este.

Estas tierras ahora están ocupadas por el Estado de Georgia, en la región del Caúcaso, y el rasgo físico distintivo de las gentes que allí habitan aun hoy es la nariz aguileña que muchos aun asocian con la nariz típicamente judía.

Koestler, que había nacido en Budapest en una familia judía, escribió:

“Sus ancestros por lo tanto no provenían del Jordán, sino del Volga, no de la tierra de Canaan sino del Caúcaso, que aun se asocia con el origen de la raza “aria”, y genéticamente están emparentados con los hunos, los uigur y las tribus magiar y no con las semillas de Abraham, Isaac o Jacob.

Esto significaría que el propio término “antisemitismo” carece por completo de sentido para referirse al anti-judío puesto que está basado en la confusión del término por parte de la victima y de sus verdugos. La historia del Imperio Khazar (Jázaro) comienza a ver la luz y se presenta como el engaño más cruel que se haya perpetrado jamás en la historia”


http://www.khazaria.com/kitroser.html

Koestler apunta a muchos rasgos distintivos (”La Decimotercera Tribu”) comunes como la yarmulka (el gorro de los judíos común a uzbecos, y otros pueblos de la ex Unión Soviética) y que también es usado por musulmanes y la jerarquía católica romana (cuyo verdadero origen se remonta a la antigua Babilonia).

 Los descendientes jázaros llegaron a ser conocidos como “judíos” y su auténtico origen se perdió para la historia, aunque no para las familias de la elite y la Iglesia Romana que prefirieron mantener la falsa versión de la historia para el resto del mundo. Lo que fueron los Jázaros hoy se les conoce como 'ashkenazi' (judíos provenientes de Europa del Este), y las cifras y estudios indican que entre el 90 y 95 por ciento de los que se llaman a sí mismos “judíos” son ashkenazi, es decir antiguos jázaros.

Los demás judíos son conocidos como “sefarditas” y éstos sí tienen conexiones con Oriente Medio, aunque por supuesto esto no significa que la idea de una raza elegida por Dios tenga alguna razón de existir o que su reclamación de las tierras pobladas por palestinos sea legítima en lo más mínimo.

Tampoco es cierto que los judíos hayan necesitado o perseguido la reclamación de volver a su “madre patria” como hemos dicho, más bien al contrario, a lo largo de la historia, y España es un ejemplo, los judíos han coexistido pacíficamente con los cristianos y musulmanes en muchos países y estados.

 Los Ashkenazi son el grupo étnico que mantiene el poder en Israel desde 1948.

Durante siglos los judíos Ashkenazi no hablaban el idioma semítico hebreo, lo que no sorprende ya que no eran hebreos. Ellos desarrollaron su propio idioma conocido como Yiddish que comenzó a hablarse en Alemania y se extendió por Europa Central y del Este. Más tarde el yiddish evolucionó para incluir elementos del eslavo, arameo, hebreo y otras influencias. Así que lo que conocemos como 'Ashkenazi' es un cocktail genético de sumerio, turco, lejano oriente, Europa norte y Europa occidental.

Koestler dice en su libro “La Decimotercera Tribu”:

“Para añadir algo más, los judíos de hoy en día no tienen una tradición cultural común, simplemente ciertos hábitos y comportamiento derivado de su herencia social de la experiencia traumática del guetto, y de una religión, que la mayoría no practica y en la que no cree, pero sin embargo, confiere algún tipo de estatus seudo-nacional. La influencia del mensaje racial e histórico, aunque basado en una ilusión, actúa como un resorte emocional importante que apela a la lealtad a la tribu”.

Dicho sea de paso, el símbolo del hexagrama que hoy está presente en la bandera del Estado de Israel y es el símbolo mundialmente más conocido de los judíos, era el símbolo del escudo de la Casa de los Rothschilds, también conocido como la Estrella de David o Sello de Salomón.

No estaba considerado un símbolo judío hasta que se adoptara por parte de los Rothschilds y puede encontrarse en muchos lugares de otras culturas religiones; lo usaban por ejemplo los magos árabes, los druidas y los satanistas.

Una estrella de David se encontró en el suelo de una mezquita del año 1200 en Tel Aviv.

De nuevo volvemos a encontrarnos con una verdad histórica que se ha ocultado a la mayoría con el único fin de la manipulación de las masas, judíos (practicantes o no) y no judíos para la creación de un estado-juguete, Israel, con un enorme coste en vidas humanas de palestinos y sufrimiento indecible de millones de personas, por parte de la Casa de los Rothschilds y sus agentes.

Por supuesto, el papel silenciador y cómplice de la Iglesia Católica, cuya Biblioteca Vaticana contiene libros y documentos que pondrían de manifiesto éste como otros muchos engaños perpetrados a lo largo de la historia, ha sido y es absolutamente fundamental.

De hecho, la Casa de los Rothschilds posee el título de “Guardianes de los Tesoros del Vaticano” y se asegura de que el patrimonio, finanzas y los secretos de la Iglesia de Roma permanezca oculto.

El autor Tupper Saussy escribió:

“Consciente de que los Rothschilds son una familia judía importante, les busqué en la Enciclopedia Judaica y descubrí que poseen el título de 'Guardianes del Tesoro del Vaticano' . El nombramiento de los Rothschild le proporcionó al Papa Negro (el máximo pontífice de la jerarquía jesuita) una privacidad financiera absoluta. ¿Quién buscaría jamás la llave de la riqueza del Vaticano en la Casa de unos judíos ortodoxos?”

Y Hill Hughes escribe en “Los terroristas secretos y el enemigo desenmascarado”:

“Los Rothschilds son jesuitas que emplean su pasado judío como fachada para encubrir sus siniestras actividades. Los Jesuitas, trabajando a través de los Rothschilds y el financiero Nicholas Biddle, persiguieron siempre el control del sistema bancario de los Estados Unidos”.

Parece que el círculo de poder poco a poco se va cerrando…


fuente:TrinityATierra

23.1.14

EL ESCUERZO


de Leopoldo Lugones [1]

Un día de tantos jugando en la quinta de la casa donde habitaba la familia, di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis pedradas. Horrorizábanme los sapos y era mi diversión aplastar cuantos podía Así es que el pequeño y obstinado reptil no tardó en sucumbir a los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la vida semicampestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio en lagartos y sapos. Además, la casa estaba situada cerca de un arroyo que cruza la ciudad, lo cual contribuía a aumentar la frecuencia de mis relaciones con tales bichos. Entro en estos detalles para que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues. Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fui a preguntar por ella a la vieja criada, confidente de mis primeras empresas de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues, de interesarnos a ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre, sentada a la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado la vi levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado animalejo.
—¡Gracias a Dios que no lo hayas dejado! —exclamó con muestras de la mayor alegría—. En este mismo instante vamos a quemarlo.
—¿Quemarlo? —dije yo—; pero qué va a hacer, si ya está muerto...
—¿No sabes lo que es un escuerzo[2] —replicó en tono misterioso mi Interlocutora— y que este animalito resucita si no lo queman?¡Quién te mandó matarlo! ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! Ahora voy a contarte lo que le paso al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en paz descanse.
Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las cuales puso el cadáver del escuerzo.
¡Un escuerzo!, decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; ¡un escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera pegado a ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula a un hombre de barba entera.
— ¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquía?[3] —interrumpió aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años.
—De ningún modo, señorita Es una historia que ha pasado.
Julia sonrió.
—No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla...
—Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo la pretensión de vengarme con ella de su sonrisa.
Así, pues, proseguí, mientras se asaba mi fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su narración, que es como sigue:
Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda población El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo a pie la jornada de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo hacían, refirió a su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha.
La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharlo, pidiéndole que por favor la acompañara al sitio, para quemar el cadáver del animal.
—Has de saber —le dijo— que el escuerzo no perdona jamás al que lo ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no descansa hasta que puede hacer con él otro tanto.
El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer a la pobre vieja de que aquello era una paparrucha[4] buena para asustar chicos molestos, pero indigna de preocupar a una persona de cierta reflexión Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara a quemar los restos del animal.
Inútil fue toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio, sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno de aquella tarde de noviembre. A toda costa quiso ir, y él tuvo que decidirse a acompañarla.
No era tan distante; unas seis cuadras a lo más. Fácilmente dieron con el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció.
¿No te dije? —exclamó ella echándose a llorar—. Ya se ha ido; ahora ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare!
—Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas o lo comería algún zorro hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad de los pastos es dañosa.
Regresaron, pues, a la casita, ella siempre llora, él procurando distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo a las bromas y risas en presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron. Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente, a la luz de la luna, y ya se disponía él a tenderse sobre su montura para dormir,  cuándo Antonia le suplicó que por aquella noche, siquiera, consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y dormir allí.
La protesta contra semejante petición fue viva. Estaba chocha, la pobre, no había duda. ¡A quién se le ocurría pensar en hacerlo dormir con aquel calor dentro de una caja que seguramente estaría llena de sabandijas![5]
Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que como el muchacho la quería tanto decidió acceder a semejante capricho. La caja era grande, y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud fue arreglada en el fondo la cama, metióse él adentro, y la triste viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida a pasar la noche en vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro.
Calculaba ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba a bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro, casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia.
Allí estaba, pues, el vengativo animal, sentado sobre las patas traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna, se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo. ¿Pero si no era más que uno de los tantos sapos familiares que entraban cada noche a la casa en busca de insectos? Un momento respiró., sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dio de pronto un saltito, después otro, en dirección a la caja. Su intención era manifiesta. No se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con indecible expresión de terror a su hijo; dormía, vencido por el sueño, respirando acompasadamente.
Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al pie de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos, y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó sobre la tapa.
Antonia no se atrevió a hacer el menor movimiento. Toda su vida se había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente la pieza. Y he aquí lo que sucedió: el sapo comenzó a hasta hincharse por grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fue reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó a tierra, se dirigió a la puerta y atravesando el patio acabó por perderse entre las hierbas.
Entonces se atrevió Antonia a levantarse, toda temblorosa. Con un violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fue de tal modo horrible, que a los pocos meses murió víctima del espanto que le  produjo.
Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado y rígido bajo la triste luz en que la luna amortabaja aquel despojo sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.


NOTAS

1.- Publicado con el título de "Los anímales malditos", en El Tiempo, Buenos Aires, año IV, Nº 965, 10 de diciembre de 1897.
2.- Escuerzo: (Ceratophrys ornato) batracio de mayor tamaño que los sapos comunes. Otra especie es la Ceratophrys cornutus.
3.- Batracomiomaquía: guerra entre ratones y ranas, etimológicamente. Hay un poema épico burlesco, escrito en hexámetros griegos, con ese título y se lo ha atribuido a Homero. El texto ha sido imitado y traducido muchas veces.
4.- Paparrucha: noticia falsa y desatinada acerca de algún suceso, esparcida por el vulgo.
5.- Sabandija: cualquier reptil o insecto pequeño, asqueroso o molesto (mosquitos, arañas, tábanos, lagartijas, escarabajos, etc.).

17.1.14

ORDEN SIMULADO JEHOVÁ-YALDABAOTH


por John Lash

Asumiendo la arrogante pose de una deidad solar, Yaldabaoth falsamente se cree a sí mismo ser el único dios en el cosmos entero.
Así, para los Gnósticos, la identificación de Yaldabaoth con Jehovah del Antiguo Testamento, una deidad que sufre de este gran complejo de egotismo cósmico, es una inevitable conclusión, prefigurada en el mito de origen Sophiánico.
Siendo ciego, el no puede percibir el Pleroma (núcleo galáctico), ni reconoce a Sophia, la corriente cósmica que surgió del núcleo y lo produjo a él en primer lugar.
Él se vuelve caprichoso, inflado de grandiosidad, causado que Sophia siente vergüenza y quiere esconderlo de la vista de los Aeones Plerómicos.
“Ella lo lanzó lejos de su resplandor, para que ninguno entre los inmortales lo pudiera ver… Ella se unió a una nube luminosa con el, y colocó un trono en medio de la nube.” (Apoc Juan BG 38, 1-10)
La Aeon Sophia es aquella corriente cuyo impacto organiza el dema y produce los Arcontes.
Esto sucede porque Ella actúa unilateralmente en su conexión desde el centro galáctico, pero Sophia no causa unilateralmente el nacimiento del Sol. Este es un proceso continuo, ocurriendo en los miembros galácticos, debido a las físicas de la estructura misma de los miembros.
En una acción que puede ser comparada a las piedras moledoras de una rueda de molino, la armadura galáctica se agita y refina la materia elemental, constantemente produciendo el nacimiento de estrellas, la promesa de nuevos mundos de experiencia.
La clave para el estatus único de nuestro sistema planetario es la convergencia del impacto de Sophia con la expulsión nebular de una estrella recién nacida. El material de los Arcontes es incorporado a aquel vórtice de material que se forma alrededor de esta estrella, y Sophia misma fija centralmente el Arconte principal (lo “entrona”) en el centro del disco proto-planetario (“nube luminosa”).
Ignorados por Yaldabaoth, los Arcontes ahora proceden a fabricar el sistema planetario de los elementos inorgánicos de los cuales ellos mismos están compuestos. Como no tienen intencionalidad (Anoia) ni capacidad creativa (epinoia) propia, ellos solo pueden hacer esto por imitación.
El Apócrifo de Juan - Apocryphon of John (II, 10, 24-25) describe cómo el Señor Arconte,
“produjo por él mismo mundos cíclicos (cuerpos orbitantes) de la chispa luminosa que todavía brilla en el cielo.”
Así, el atrae hacia la energía del vórtice de la estrella central, el Sol recién nacido, para organizar la materia que se arremolina en el disco proto-planetario.
Sin embargo, Yaldabaoth no origina nada. El solamente puede copiar el modelo del Pleroma sin siquiera saber que lo hace:
Y el fue sorprendido por su propia arrogancia, ya que parecía engendrar material de energía (exousiai, “autoridades”) de su propio poder solitario, pero según los patrones del imperecedero Aeons… Y vino a existencia el stereoma (“firmamento”), correspondiendo a las formaciones cíclicas del Pleroma. (II, 10, 26-28, and 12, 25)
Las enseñanzas gnósticas constantemente hacen énfasis en que los Arcontes son imitadores que no pueden producir nada original, y sin embargo, arrogantemente afirman que pueden.
El Señor Arconte es llamado antimimon pneuma, “espíritu falsificado” (Apoc. Juan III, 36:17. El término ocurre varias veces en diferentes textos.)
El cosmos que produce es descrito por el término cóptico, hal, “simulación”. El vasto sistema planetario de los Arcontes es un stereoma, una proyección de realidad virtual en simulación de un patrón dimensional más alto.
Típicamente, la estructura Arcánica del sistema planetario ha sido descrita por “bandas armillarias” que rodean la Tierra. (Ilustración de A. Cellarius, Armonía Macrocósmica, 1660). Tomada por muchos sistemas esotéricos (Hermética y Rosacrucianismo como la imagen preeminente de la armonía cósmica, el modelo de las esferas planetarias refleja una imitación sin inteligencia de diseño divino, no la realidad viva del cosmos.
Yaldabaoth, el supuesto creador todopoderoso Dios, realmente no crea nada; en vez de esto, el copia del “arquetipo” patrones en el Pleroma. El stereoma planetario de su hacer es como una copia plástica de una cáscara de (¿olmo?) abalone. Solamente alguien que no sepa la realidad de la cáscara del olmo, y que milagro viviente de la naturaleza es requerido para producirlo, aceptaría la sustitución plástica.
Aquí, de nuevo, aplica el paralelo cósmico-noético: Los Arcontes simulan en el cosmos en grande, y también simulan en la mente humana. Esta es la indicación clave de su efecto, una pista a sus sutiles tácticas de intrusión.
Los principales textos cosmológicos del NHL (Neg Hamadi Library), Sobre el origen del mundo (On the Origin of the World), La Hipóstasis de los Arcontes (The Hypostasis of the Archons), y El Apócrifo de Juan (The Apocryphon of John) son consistentes en describir cómo el sistema solar surge como una simulación inorgánica del patrón de vida de los eternos Aeones. Aquí hay más visión interna hacia “la generación de error”.
Uno podría ser excusado (pero solo un poquito) por confundir plástico con perlas, pero, de hecho sería una imperdonable ignorancia no estar conscientes de que toma un océano entero, y una biósfera simbiótica, viviente, para producir una perla.
Sin embargo tal es la ignorancia de los Arcontes que no pueden comprender el milagro viviente del orden divino, enraizado en el Pleroma, aun cuando lo están imitando.
El stereoma de los Arcontes es verdaderamente un logro grandioso, más bien como los palacios venecianos de muchas habitaciones de un señor mafioso afligido con la grandiosidad religiosa y un sentido militarista de la cadena de comandos:
Ahora, el padre principal (el archi generador), el creador principal de los Arcontes, puesto que él ordenó vastos mundos orbitantes, produjo cielos para cada uno de sus retoños… bellas moradas, y en cada cielo, Yaldabaoth produjo gloriosa decoración, siete veces excelente: tronos y mansiones y templos y también carrozas y vírgenes celestiales… consignando a cada una su propio reino como cielo y proveyéndolos con poderosos ejércitos de dioses y comandantes y mensajeros y vigilantes, en incontables miríadas, para que todos sirvan y sean servidos. Sobre el Origen del Mundo, 19.
Los lectores familiarizados con la psicología arquetípica de C.G. Jung reconocerán en este pasaje todos los elementos del arquetipo común del cielo para las religiones de la corriente principal:
•  mansiones celestiales
• ejércitos celestiales
• carrozas en las nubes
• vírgenes en orden
• coros de ángeles arreglados con precisión militar
El stereoma está cargado con cursilería religiosa.
Si alguien necesita evidencia de cómo los Arcontes pueden infectar la imaginación humana, aquí está, siete veces excelente.