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14.6.12

Escolios de Nicolás Gómez Dávila pt.4

de Nicolás Gómez Dávila

— Si la filosofía, las artes, las letras del siglo pasado, solo son superestructuras de su economía burguesa, deberíamos defender el capitalismo hasta la muerte. Toda tontería se suicida.

— Amor u odio no son creadores, sino reveladores, de calidades que nuestra indiferencia opaca.

— Para desafiar a Dios el hombre infla su vacío.

— La atrocidad de la venganza no es proporcional a la atrocidad de la ofensa, sino a la atrocidad del que se venga.
(Para la metodología de las revoluciones).

— Lo que la razón juzga imposible es lo único que puede colmar nuestro corazón.

— El tono profesoral no es propio del que sabe, sino del que duda.

— Los juicios injustos del hombre inteligente suelen ser verdades envueltas en mal humor.

— El pueblo nunca ha sido festejado sino contra otra clase social.

— El moderno ya sabe que la soluciones políticas son irrisorias y sospecha que las económicas lo son también.

— Creemos confrontar nuestras teorías con los hechos, pero sólo podemos confrontarlas con teorías de la experiencia.

— La más execrable tiranía es la que alegue principios que respetemos.

— La exuberancia suramericana no es riqueza, sino desorden.

— Transformar el mundo: ocupación de presidiario resignado a su condena.

— Hastiada de deslizarse por la cómoda pendiente de las opiniones atrevidas, la inteligencia al fin se interna en los parajes fragosos de los lugares comunes.

— Hay algo indeleblemente vil en sacrificar aún el más tonto de los principios a la más noble aún de las pasiones.

— Los prejuicios defienden de las ideas estúpidas.

— La presencia silenciosa de un tonto es el agente catalítico que precipita, en una conversación, todas las estupideces de que sean capaces los interlocutores más inteligentes.

— Un cuerpo desnudo resuelve todos los problemas del universo.

— Envidio a quienes no se sienten dueños tan sólo de sus estupideces.

— La cultura del individuo es la suma de objetos intelectuales o artísticos que le producen placer.

— El ridículo es tribunal de suprema instancia en nuestra condición terrestre.

— El historiador de las religiones debe aprender que los dioses no se parecen a las fuerzas de la naturaleza sino las fuerzas de la naturaleza a los dioses.

— A la Biblia no la inspiró un Dios ventrílocuo.
La voz divina atraviesa el texto sacro como un viento de tempestad el follaje de la selva.

— El sexo no resuelve ni los problemas sexuales.

— Creyendo decir lo que quiere, el escritor sólo dice lo que puede.

— La buena voluntad es la panacea de los tontos.

— Quisiéramos no acariciar el cuerpo que amamos, sino ser la caricia.

— No rechazar, sino preferir.

— Lo sensual es la presencia del valor en lo sensible.

— El paraíso no se esconde en nuestra opacidad interna, sino en la terrazas y en los árboles de un jardín ordenado, bajo la luz del mediodía.

— Humano es el adjetivo que sirve para disculpar cualquier vileza.

— Hace doscientos años era lícito confiar en el futuro sin ser totalmente estúpido.
¿Hoy quién puede creer en las actuales profecías, puesto que somos ese espléndido porvenir de ayer?

— “Liquidar” a una clase social, o a un pueblo, es empresa que no indigna en este siglo sino a las presuntas víctimas.

— La libertad no es la meta de la historia, sino la materia con la cual trabaja.

— Marx gana batallas, pero Malthus ganará la guerra.

— La sociedad industrial está condenada al progreso forzado a perpetuidad.

— Cuando definen la propiedad como función social, la confiscación se avecina; cuando definen el trabajo como función social, la esclavitud se acerca.

— La verdadera gloria es la resonancia de un nombre en la memoria de los imbéciles.

— Cuando un afán de pureza lo lleva a condenar la “hipocresía social”, el hombre no recupera su integridad perdida, sino pierde la vergüenza.

— El hombre es un animal que imagina ser hombre.

— Quienes se proclaman artistas de vanguardia suelen pertenecer a la de ayer.

— Cuando sólo se enfrentan soluciones burdas, es difícil opinar con sutileza.
La grosería es el pasaporte de este siglo.

— Las artes florecen en las sociedades que las miran con indiferencia, y perecen cuando las fomenta la solícita reverencia de los tontos.

— Los hombres se dividen en dos bandos: los que creen en el pecado original y los bobos.

— Demagogia es el vocablo que emplean los demócratas cuando la democracia los asusta.

— Basta que la hermosura roce nuestro tedio, para que nuestro corazón se rasgue como seda entre las manos de la vida.

— Las categorías sociológicas facultan para circular por la sociedad sin atender a la individualidad irreemplazable de cada hombre.
La sociología es la ideología de nuestra indiferencia con el prójimo.

— Para explotar plácidamente al hombre, conviene ante todo reducirlo a abstracciones sociológicas.

— Lo que aún protege al hombre, en nuestro tiempo, es su natural incoherencia.
Es decir: su espontáneo horror ante consecuencias implícitas en principios que admira.

— Envejecer con dignidad es tarea de todo instante.

— Nada más alarmante que la ciencia del ignorante.

— El precio que la inteligencia cobra a quienes elige es la resignación a la trivialidad cotidiana.

— El tonto no se inquieta cuando le dicen que sus ideas son falsas, sino cuando le sugieren que pasaron de moda.

— Todo nos parece caos, menos nuestro propio desorden.

— La historia erige y derrumba, incesantemente, las estatuas de virtudes distintas sobre el inmóvil pedestal de los mismos vicios.

— Nuestros anhelos, en boca ajena, suelen parecernos una estupidez irritante.

— La violencia política deja menos cuerpos que almas podridas.

— Verdad es lo que dice el más inteligente.
(Pero nadie sabe quién es el más inteligente).

— Cada generación nueva acusa a las pretéritas de no haber redimido al hombre. Pero la abyección con que la nueva generación se adapta al mundo, después del fracaso de turno, es proporcional a la vehemencia de sus inculpaciones.

— Las tiranías no tienen más fieles servidores que los revolucionarios que no ampara, contra su servilismo ingénito, un fusilamiento precoz.

— La sociedad moderna se da el lujo de tolerar que todos digan lo que quieran, porque todos hoy coinciden básicamente en lo que piensan.

— No hay vileza igual a la del que se apoya en virtudes del adversario para vencerlo.

— La interpretación económica de la historia es el principio de la sabiduría.
Pero solamente su principio.

— El incrédulo se pasma de que sus argumentos no alarmen al católico, olvidando que el católico es un incrédulo vencido.
Sus objeciones son los fundamentos de nuestra fe.

— La política es el arte de buscar la relación óptima entre la fuerza y la ética.

— Nadie piensa seriamente mientras la originalidad le importa.

— La “psicología” es, propiamente, el estudio del comportamiento burgués.

— El mal que hace un bobo se vuelve bobería, pero sus consecuencias no se anulan.

— En la tinieblas del mal la inteligencia es el postrer reflejo de Dios, el reflejo que nos persigue con porfía, el reflejo que no se extingue sino en la última frontera.

— Nadie sabe exactamente qué quiere mientras su adversario no se lo explica.

— Lo amenazante del aparato técnico es que pueda utilizarlo el que no tiene la capacidad intelectual del que lo inventa.

— El mayor triunfo de la ciencia parece estar en la velocidad creciente con que el bobo puede trasladar su bobería de un sitio a otro.

— La juventud es promesa que cada generación incumple.

— Arte popular es el arte del pueblo que no le parece arte al pueblo.
El que le parece arte es el arte vulgar.

— Los profesionales de la veneración al hombre se creen autorizados a desdeñar al prójimo.
La defensa de la dignidad humana les permite ser patanes con el vecino.

— Cuando se principia exigiendo la sumisión total de la vida a un código ético, se acaba sometiendo el código a la vida.
Los que se niegan a absolver al pecador terminan absolviendo al pecado.

— La honradez en política no es bobería sino a los ojos del tramposo.

— Bien educado es el hombre que se excusa al usar de sus derechos.

— El antiguo que negaba el dolor, el moderno que niega el pecado, se enredan en sofismas idénticos.

— El moderno no escapa a la tentación de identificar permitido y posible.

— El demócrata defiende sus convicciones declarando obsoleto a quien lo impugna.

— La angustia ante el ocaso de la civilización es aflicción reaccionaria.
El demócrata no puede lamentar la desaparición de lo que ignora.

— Los argumentos con que justificamos nuestra conducta suelen ser más estúpidos que nuestra conducta misma.
Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar.

— El hombre no quiere sino al que lo adula, pero no respeta sino al que lo insulta.

— Llámase buena educación los hábitos provenientes del respeto al superior transformados en trato entre iguales.

— La estupidez es el ángel que expulsa al hombre de sus momentáneos paraísos.

— Despreciar o ser despreciado es la alternativa plebeya de la vida de relación.

— Basta que unas alas nos rocen para que miedos ancestrales resuciten.

— Pensar como nuestros contemporáneos es la receta de la prosperidad y de la estupidez.

— La pobreza es la única barrera al tropel de vulgaridades que relinchan en las almas.

— Educar al hombre es impedirle la “libre expresión de su personalidad”.

— Dios es la substancia de lo que amamos.

— Necesitamos que nos contradigan para afinar nuestras ideas.

— La sinceridad corrompe, a la vez, las buenas maneras y el buen gusto.

— La sabiduría se reduce a no enseñarle a Dios cómo se deben hacer las cosas.

— Algo divino aflora en el momento que precede el triunfo y en el que sigue al fracaso.

— La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer.

— La prolijidad no es exceso de palabras, sino escasez de ideas.

— Tan repetidas veces han enterrado a la metafísica que hay que juzgarla inmortal.

— Un gran amor es una sensualidad bien ordenada.

— Llamamos egoísta a quien no se sacrifica a nuestro egoísmo.

— Los prejuicios de otras épocas nos son incomprensibles cuando los nuestros nos ciegan.

— Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo.

— La humanidad cree remediar sus errores reiterándolos.

— El que menos comprende es el que se obstina en comprender más de lo que se puede comprender.

— Civilización es lo que logran salvar los viejos de la embestida de los idealistas jóvenes.

— Ni pensar prepara a vivir, ni vivir prepara a pensar.

— Lo que creemos nos une o nos separa menos que la manera de creerlo.

— La nobleza humana es obra que el tiempo a veces labra en nuestra ignominia cotidiana.

— En la incoherencia de una constitución política reside la única garantía auténtica de libertad.

— Depender sólo de la voluntad de Dios es nuestra verdadera autonomía.

— La elocuencia es hija de la presunción.

— Negarnos a considerar lo que nos repugna es la más grave limitación que nos amenace.

— Todos tratamos de sobornar nuestra voz, para que llame error o infortunio al pecado.

— El hombre no crea sus dioses a su imagen y semejanza, sino se concibe a la imagen y semejanza de los dioses en que cree.

— La idea ajena sólo interesa al tonto cuando roza sus tribulaciones personales.

— Si Dios fuese conclusión de un raciocinio, no sentiría necesidad de adorarlo.
Pero Dios no es sólo la substancia de lo que espero, sino la substancia de lo que vivo.

— ¡Qué modestia se requiere para esperar sólo del hombre lo que el hombre anhela!

— ¿Quién no teme que el más trivial de sus momentos presentes parezca un paraíso perdido a sus años venideros?

16.4.11

Escolios de Nicolás Gómez Dávila pt.3

• Ni siquiera es su originalidad lo que el artista actual convierte en fórmula, es alguna de sus fortuitas ocurrencias.
• La algarabía de las “explicaciones “calla, cuando una totalidad individual alza la voz.
• Ni petrificarnos en nuestros gustos primiciales, ni oscilar al soplo de gustos ajenos. Los dos mandamientos del gusto.
• Del libro del reaccionario el lector sale menos indignado de lo que entra.
• La poesía no visita sino de paso.
• La aristocracia autentica es un sueño popular traicionado por las aristocracias históricas.
• Los problemas de toda “juventud contemporánea” son aburridísimos.
• La poesía tiene que deslizarse en este fosco atardecer como perdiz entre las hierbas.
• Los "minores" románticos gruñían como si les robaran la presa; los “minores” actuales aúllan como si les pisaran la cola.
• La fecundidad artística depende menos de la generosidad de la naturaleza con el artista que de la condescendencia del artista consigo mismo.
• El universo no es esfera perfecta, sino manzana enjuta, rugosa, agrietada.
• Los argumentos del que intenta justificar sus creencias nos consternan siempre. Sobre todo si comparte las nuestras.
• La inteligencia, en ciertas épocas, tiene que consagrarse meramente a restaurar definiciones.
• La idea que araña y muerde desde que nace se domestica prematuramente.
• Artista clásico es el que prefiere la perfección a la originalidad.
• Asociados a humildad, hasta los defectos resultan virtudes inéditas.
• La libertad teje la estameña del tiempo con hilos de destino. La opción es imprevisible, sus consecuencias indeclinables.
— Las palabras no comunican, recuerdan.

— El hombre se arrastra a través de las desilusiones apoyado en pequeños éxitos triviales.

— Lejos de garantizar a Dios, la ética no tiene suficiente autonomía para garantizarse a sí misma.

— ¿Cómo puede vivir quien no espera milagros?

— Las ambiciones legítimas se avergüenzan y dimiten en medio del tropel de ambiciones fraudulentas.

— El veneno del deseo es el alimento de la pasión.

— Reformar a los demás es ambición de que todos se mofan y que todos abrigan.

— La trivialidad es el precio de la comunicación.

— Antipatía y simpatía son las actitudes primordiales de la inteligencia.

— Todo fenómeno tiene su explicación sociológica, siempre necesaria y siempre insuficiente.

— Los libros no son herramientas de perfección, sino barricadas contra el tedio.

— Pensar que sólo importan las cosas importantes es amago de barbarie.

— Sobre nuestra vida influyen exclusivamente las verdades pequeñas, las iluminaciones minúsculas.

— Porque no entiende la objeción que lo refuta, el tonto se cree corroborado.

— Lo que despierta nuestra antipatía es siempre una carencia.

— Mucho poema moderno no es oscuro como un texto sutil, sino como una carta personal.

— Vivimos porque no nos miramos con los ojos con que los demás nos miran.

— Vivimos mientras creemos cumplir las promesas que incumplimos.

— La palabra no fue dada al hombre para engañar, sino para engañarse.

— Las realidades espirituales conmueven con su presencia, las sensuales con su ausencia.

— No debemos concluir que todo es permitido, si Dios no existe, sino que nada importa.
Los permisos resultan irrisorios cuando los significados se anulan.

— La crítica decrece en interés mientras más rigurosamente le fijen sus funciones. La obligación de ocuparse sólo de literatura, sólo de arte, la esteriliza.
Un gran crítico es un moralista que se pasea entre libros.

— ¿Predican las verdades en que creen, o las verdades en que creen que deben creer?

— La fe que no sepa burlarse de sí misma debe dudar de su autenticidad.
La sonrisa es el disolvente del simulacro.

— ¿Quién no compadece el dolor del que se siente repudiado?,
— ¿pero quién medita sobre la angustia del que se teme elegido?

— Discrepar es riesgo que no debe asumir sino la conciencia madura y precavida.
La sinceridad no protege ni del error, ni de la tontería.

— Nadie es inocente ni de lo que hace, ni de lo que cree.

— Capacidad destructora de la sonrisa del imbécil.

— El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.

— La vida compasiva concede, a veces, soluciones que cierto pundonor intelectual obliga a rechazar.

— El individuo se rebela hoy contra la inalterable naturaleza humana para abstenerse de enmendar su corregible naturaleza propia.

— Quien trata de educar y no de explotar, tanto a un pueblo como a un niño, no les habla imitando a media lengua un lenguaje infantil.

— La perfección es el punto donde coinciden lo que podemos hacer y lo que queremos hacer con lo que debemos hacer.

— Entre la anarquía de los instintos y la tiranía de las normas se extiende el fugitivo y puro territorio de la perfección humana.

— Belleza, heroísmo, gloria, se nutren del corazón del hombre como llamas silenciosas.

— La nivelación es el substituto bárbaro del orden.

— Raros son los que perdonan que compliquemos sus claudicaciones.

— La salvación social se aproxima cuando cada cual confiesa que sólo puede salvarse a sí mismo.
La sociedad se salva cuando sus presuntos salvadores desesperan.

— Cuando hoy nos dicen que alguien carece de personalidad, sabemos que se trata de un ser sencillo, probo, recto.

— La personalidad, en nuestro tiempo, es la suma de lo que impresiona al tonto.

— El máximo error moderno no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto.

— El ceremonial es el procedimiento técnico para enseñar verdades indemostrables.
Ritos y pompas vencen la obcecación del hombre ante lo que no es material y tosco.

18.9.10

Escolios de Nicolás Gómez Dávila pt.2

• Las miradas de los actuantes parecen, en las instantáneas fotográficas de incidentes revolucionarios, mitad cretinas mitad dementes.
• La historia nos enseña a sonreír de los que viven con el hocico hundido en su pienso contemporáneo.
• El pensamiento marxista nunca ha logrado más que añadir a la cosmografía marxista, de cuando en cuando, un nuevo epiciclo.
• Toca desacreditar la cultura, para que no sea rentable envilecerla al servicio de la política o la industria.
• En tiempos aristocráticos lo que tiene valor no tiene precio; en tiempos democráticos lo que no tiene precio no tiene valor.
• Los supuestos enemigos de la burguesía son jardineros expertos que podan sus ramas caducas. La sociedad burguesa no peligra mientras sus enemigos admiren lo que admira.
• El diálogo sincero acaba en pelotera.
• Los jerarcas comunistas traicionan hoy su fe como cualquier obispo.
• La historia engloba hasta la proclamación que la niega.
• Más que ininteligible, lo auténticamente original en filosofía parece al principio insignificante.
• Sólo hemos comprendido lo que nos parezca intraducible.
• Entre los artistas abunda la especie infortunada del impostor sincero.
• La historia no tiene leyes que permitan predecir; pero tiene contextos, que permiten explicar; y tendencias, que permiten presentir.
• La mentalidad burguesa de la izquierda reconstruirá sucesivamente todas las sociedades burguesas que la izquierda sucesivamente destruya.
• Lo importante no exhibe pruebas.
• “encontrarse”, para el moderno, quiere decir disolverse en una colectividad cualquiera.
• La constelación histórica sólo determina qué obras de arte no son allí posibles.
• La grandilocuencia del mensajero suele ser proporcional a la insignificancia del mensaje.
• “the religión of humanity” no es figmento de Paine, sino principio activo de todos los venenos.
• Lo que gustó en alguna época puede volver a gustar, siempre que no haya gustado por motivos ajenos al gusto.
• O la metáfora es irremplazable circunloquio, o es vicio de dicción.
• Proponiéndonos fines prácticos acabamos siempre de brazo con prójimos que no hubiéramos querido tocar con los pies.
• Frecuentemente tropezamos con gente convencida de haber leído un libro porque leyó su traducción.
• Después de los amos de hoy los de ayer escandalizan menos.
• El error no está en soñar que existan jardines secretos, sino en soñar que tienen puertas.
• El moderno busca ante todo una religión que niegue la gracia.
• Un alfilerazo experto en el centro nervioso de un error lo mata en segundos. Pero se necesitan siglos para que su cadáver se descomponga.
• Los evangelios, en manos del clero progresista, degeneran en recopilación de trivialidades éticas.
• Las naciones actuales no son pueblos, sino secesiones victoriosas de la plebe.
• Es más fácil hacer aceptar una verdad nueva que hacer abandonar los errores que refuta.
• Las ciencias naturales, idealmente deductivas, construyen inductivamente la posibilidad de su deducción. Las ciencias humanas, en cambio, intrínsecamente experimentales, no se disuelven en sistema deductivo sino se ordenan en discurso histórico.
• En las mentiras de los grandes escritores románticos hay más verdad que en las verdades de sus sucesores.
• El catedrático sólo logra embalsamar las ideas que le entregan.
• En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica.
• Los panegiristas sinceros de la naturaleza humana causan los peores colapsos históricos.
• Ni la inferioridad es vergonzosa, ni la superioridad culpable.
• El que anhela la “comunicación perfecta” entre los individuos, su “perfecta transparencia” recíproca, su mutua “posesión perfecta”, como cierto pontífice de izquierda, anhela la perfecta sociedad totalitaria.
• El testamento político del izquierdista es la lectura predilecta del reaccionario.
• Exigirle a la inteligencia que se abstenga de juzgar le mutila su facultad de comprender. En el juicio de valor la comprensión culmina.
• El terrorismo no surge donde existen opresores y oprimidos, sino donde los que se dicen oprimidos no confrontan opresores.
• El ateísmo preludia la divinización del hombre.
• El arbusto no es árbol trunco.
• La novela contemporánea cava su fosa en el cementerio donde enterraron la tragedia clásica del XVIII.
• La vanguardia de la ciencia es cautelosa, pero la plebe profesional que la sigue es presumida.
• No existe verdad en las ciencias humanas que no sea forzoso redescubrir cada ocho días.
• La mente moderna se anquilosó por creer que hay problemas resueltos.
• El poeta, para hablar de poesía, recurre a la peor retórica.
• Llamamos individuo al existente transparente tan sólo a Dios.
• La poesía puede ser magia, pero el poeta suele ser mago de feria.
• El artista sin originalidad acude a la improbabilidad.
• La sinécdoque es el tropo favorito de la impostura, porque permite vender el género entero pregonando la sola especie servible.
• Una pudibundez ridícula no le permite hoy al escritor inteligente tratar sino temas obscenos. Pero ya que aprendió a no avergonzarse de nada, no debiera avergonzarse de los sentimientos decentes.
• El pornógrafo es el vocero del alma moderna.
• El infierno no parece castigo tan desmesurado después de escudriñar un poco el vecindario.
• Biografía sólo se puede escribir del que ha escrito, o del que tuvo oyente indiscreto. Sin confidencias sólo hay conjeturas o anales.
• La hipertrofia del estado proviene del motín que destronó su noción patrística para entronizar so noción democrática. Secuela del pecado – demiurgo de la sociedad futura.
• Libertad no significa coposesión del poder político. Su definición en términos de poder político es la treta con que embauca el demócrata.
• El revolucionario no descubre el “auténtico espíritu de la revolución” sino ante el tribunal revolucionario que lo condena.
• El que escucha atento el ruido de su tiempo no escribirá su música.
• En las artes hay mediocridades deliciosas e insoportables excelencias.
• La mentira es la musa de las revoluciones: inspira sus programas, sus proclamaciones, sus panegíricos. Pero olvida amordazar a sus testigos.
• La agilidad intelectual se desgasta en escaramuzas. Sólo las cargas de la inteligencia pesada son irresistibles.
• El comentarista del filósofo lo alecciona con suficiencia.
• La lectura es droga insuperable, porque más que a la mediocridad de nuestras vidas nos permite escapar a la mediocridad de nuestras almas.
• Lo que no sea necio le parece al moderno criminal u obsoleto.
• Las legiones del hombre moderno ignoran todavía que en la litera imperial que escoltan viaja un emperador muerto.
• En el “patriotismo” de la revolución francesa resurge un atávico reflejo de adhesión gregaria a la tribu. En su “emigración” expira el paradigma de la adhesión consciente del hombre libre a una lealtad jurada.
• La izquierda estigmatiza con el mote de “terreur blanche” los períodos en donde no asesinan sino a asesinos.
• Errar es humano, mentir democrático.
• “Necesidad histórica” es la fórmula sacramental de los historicismos para absolver el crimen.
• Nadie se llama a si mismo poeta, filósofo, artista, sin alguna ramplonería y bastante impudicia.
• El meteco no le hace concesiones al autóctono.
• El acontecimiento histórico pasa de un estado gaseoso de fenómeno a un estado sólido de idea a través de un maloliente estado líquido de retórica.
• La filosofía no debe practicarse por el que carece de talento sino como vicio clandestino.
• La persona que no sea algo absurda resulta insoportable.
• El marxismo puso al servicio de los que no entienden las preguntas el más adecuado repertorio de respuestas.
• No hablemos de determinismo universal, sino de dependentismo óntico.
• La familiaridad sistemática es hipocresía de igualitario que se juzga a si mismo inferior, o superior, pero no igual.
• Las sociedades que pretenden suprimir indispensables estructuras las cambian meramente por deteriores. Donde no manda el militar, verbigracia, acaba mandando el policía.
• Cuidémonos del discurso donde abunde el adjetivo “natural” sin comillas: alguien se engaña a sí mismo, o quiere engañarnos. Desde las fronteras naturales hasta la religión natural.
• Teniendo el privilegio incompartible de generalizar en su materia, el especialista pretende extrapolar ilícitamente su materia misma.
• Simpatizo menos con el temperamento católico que con el temperamento del que simpatiza con el catolicismo.
• El pensamiento genuino sólo descubre sus principios al fin.

17.5.10

Escolios de Nicolás Gómez Dávila pt.1

· Con el pensamiento del filósofo subalterno nadie puede pintar su retrato.

· En lugar de primer paso de un discurso, tratemos que nuestra frase sea último gesto de una idea.

· Para seriar las diversiones basta observar que la diversión superior despierta asombro en la de abajo y la inferior aburrición en la de arriba.

· La tradición es obra del espíritu que, a su vez, es obra de la tradición. Cuando una tradición perece el espíritu se extingue, y las presentaciones que plasmó en objetos revierten a su condición de utensilios.

· Lo que no parece digno del hombre suele serlo de casi todos.

· el acceso a las celebridades de este siglo lo dificulta el tufo de vulgaridad que exhalan.

· El mundo no es lugar donde el alma se aventura, sino su aventura misma.

· Retórica es todo lo que exceda lo estrictamente necesario para convencerse a sí mismo.

· No somos la suma de nuestros actos. Somos la integridad de nuestro secreto cristal, o su más secreta fisura.

· La técnica tradicional educaba, porque su aprendizaje transmitía gestos insertos en un modo de existencia; la enseñanza de la técnica racionalista meramente instruye, transmitiendo gestos solos.

· Todos somos contestación tortuosa a la vocación particular que nos conmina.

· El misterio se hace polvo si manos diestras no desenrollan el papiro.

· El artista es hermeneuta del ser, el científico cicerone de la apariencia.

· Las ideas nuevas suelen ser rescoldos que avivan nuevos soplos del espíritu.

· Como quiera que la inmoralidad consiste en tratar al sujeto y al objeto como medios, el acto técnico, que convierte por esencia la presentación en utensilio, es radical inmoralidad, y el organismo por lo tanto, siendo integración de sistemas técnicos, es radical culpabilidad. Vida es el modo de perseverar en el ser un ser condenado a la culpabilidad para lograrlo.

· El hombre no sabe que destruye sino después de haberlo destruido.

· Si las palabras no reemplazan nada sólo ellas completan todo.

· El error grave es el que se limita muchas veces a acentuar impropiamente una frase.

· La mentalidad moderna insiste en analizar lo simple.

· El árbol de la sangre se estremece bajo el hálito de la muerte, pero sobre las más altas frondas del espíritu soplan vientos de otros cielos.

· Ni pobreza, ni riqueza, son categorías del espíritu. Riqueza de alma decente y pobreza de alma decente se valen, como pobreza y riqueza de alma vulgar.

· El que se dice respetuoso de todas las ideas se confiesa listo a claudicar.

· La acción disuelve al ser en series causales; la contemplación lo compacta en presencias sagradas.

· La vida es culpabilidad en acto; pero cualquier existente se redime al detenerse en puro ser.

· Porque sabemos que el individuo le importa a Dios, no olvidemos que la humanidad parece importarle poco.

· El ejercicio del poder no es inocente sino cuando es irrenunciable. Manos limpias sólo son las manos que lo heredan. Las muchedumbres miran con admiración o espanto a los que usurpan, pero sólo se postran reverentes ante una majestad sagrada.

· Morir es el signo inequívoco de nuestra dependencia. Nuestra dependencia es el fundamento inequívoco de nuestra esperanza.

· La imposibilidad de calcular el acierto estético autentica el mito de la “inspiración”. El poeta procrea menos poemas que engendros.

· Resolvemos ciertos problemas demostrando que no existen y de otros negamos

que existan para no tener que resolverlos.

· Reinstalar con otro nombre el término que se pretende eliminar es el secreto de muchas “explicaciones” en las ciencias humanas.

· El criterio estético que no sea la obra misma acaba de receta.

· La caridad inicia la redención del sujeto, el arte la del objeto, el honor la de la relación entre los dos. La caridad es acto del sujeto que trata a los demás sujetos como fines, el arte es el acto de aprehensión que trata al objeto como fin, el honor es el acto que trata como fin la relación entre sujeto y objeto porque consiste en cumplir el compromiso asumido.

· En la codicia de poder germina el mal, pero la tenencia de poder es condición del bien. Doble faz de la inmoralidad política: ansiar el poder que no tenemos, renunciar al poder que tengamos.

· Innúmeras cosas no dan posesión de sí mismas sino al que las hereda.

· El hombre cortés seduce en secreto aun al que lo insulta.

· Los términos irreductibles impiden que el maderamen del mundo se desarticule en la nada.

· La comprensión da un salto desde donde termina lo explicable.

· La técnica no es esclavitud neutra. El hombre olvida vigilar su espontánea proclividad al mal.

· De lo importante no hay pruebas sino testimonios.

· Las reglas éticas varían, el honor no cambia. Noble es el que prefiere fracasar a envilecer las herramientas de su triunfo.

· El artista es personaje trágico: redentor del objeto, pero no de sí mismo. El arte fructifica igualmente en pámpanos intactos y en sarmientos podridos. Ni el genio mismo sana la lepra del que unge.

· Al que yerra de buena voluntad se le imputan a la vez su buena voluntad y su error.

· Todo deber cumplido tiene igual perfección ética, pero no todos tienen igual rango. Aun a la muerte heroica le fija rango el dios por quien se muera.

· La luz divina riela sobre el mar del ser.

· El raciocinio parte de postulados, el pensamiento de evidencias. Raciocinar es arriesgarse a postular trivialidades, pensar es arriesgarse a asumir falacias.

· Los años no entorpecen sino a la inteligencia que dimite.

· El esquema metodológico de las ciencias naturales, gracias a su uniformidad y rigor, suple las funciones de teoría general y frena las extravagancias. En las ciencias humanas, al contrario, la flexibilidad necesaria y la multiplicidad ineludible de los métodos inducen al especialista a remediar la carencia de teoría general con cualquier extravagancia de moda.

· El egoísmo tolerado al artista no es premio que reciba, sino precio que paga.

· Cuando un sistema suministre respuestas automáticas a todas las preguntas, cambiemos el sistema.

· Las exigencias del honor crecen con el rango de las obligaciones y parecen pronto extravagantes a las almas plebeyas.

· nuestra época hace mejor que las demás lo que puede hacerse sin talento.

· El cristianismo no resuelve “problemas”; meramente nos obliga a vivirlos en más alto nivel. Los que pretenden que los resuelva lo enredan en la ironía de toda solución.

· La impostura no consiste en afirmar más de lo que podemos probar, sino en pretender probar donde la prueba no cabe. La razón acepta las reglas de cualquier juego si no se las pretenden deducir de las reglas de otro.

· El universo es importante si es apariencia, insignificante si es realidad.

· Toda ética termina en pelagianismo, todo pelagianismo en deísmo, todo deísmo en sepelio de Dios.

· Al completar deliberadamente nuestras experiencias, procedemos en restaurador neoclásico de antigüedades.

· El pecado radical no es transgresión de mandamientos éticos, sino recusación de nuestra dependencia.

· Hoy le toca creer al individuo que morirá lo que él no salve.

· La cortesía es obstáculo al progreso.

· El acto técnico, al aprehender el objeto como fenómeno utilizable, lo degrada en utensilio.

· Los palacios se construyen con los escombros de los sueños.

· La fe es abstersión de la inteligencia.

· Porque fallaron los cálculos de sus expectativas, el tonto cree burlada la locura de nuestras esperanzas.

· El homo faber y el civilis son al homo spiritualis lo que son morfología y sintaxis a la intención significativa; condiciones empíricas de un modo de existir que las engendra.

· Al elaborar una presentación en obra el espíritu no la falsea, sino la constriñe a germinar.

· Tanto en la sociedad como en el alma, cuando las jerarquías dimiten los apetitos mandan.

· Carecemos de más solidas razones para prever que habrá un mañana que para creer que habrá otra vida.

· El hombre cultivado no fosiliza en “cultura” la tradición que hereda.

· Sin la salvaguardia de la sonrisa lúcida, el hombre oscila entre el torpor y la angustia. Tan sólo la sonrisa nacida en labios griegos disipa el vapor de sangre que nubla los ojos barbaros.

· “concientizar” es la variante púdica de adoctrinar.

· El ingenio no lega sus obras a la “humanidad” sino a otro ingenio afín.

· Aun cuando la ciencia ambiciona segregarse del espíritu y racionalizarse, como la técnica, la imposibilidad de verificar sus proposiciones le impide enajenarse del proceso espiritual que la somete a la indefinida reiteración de instancias refutatorias.

· Las lumbreras de este siglo son fuegos fatuos en la planicie pantanosa de una sociedad putrefacta.

· La inteligencia integra en el espíritu el dato empírico que el intelecto meramente manipula.

· La historia es el modo de conocer ajustado a un universo contingente.

· El alma no es ilimitada virtualidad de espíritu. La anamnesis platónica simboliza nuestro alcance finito.

· Las cosas pertenecen al amo de la palabra inteligente.

· todo es hipótesis, salvo las tautologías y las fulguraciones axiológicas.

· Las generaciones recientes circulan entre los escombros de la cultura de occidente como caravanas de turistas japoneses por las ruinas de Palmira.

· Las “soluciones” no resuelven problemas graves. Sólo cura la corrupción del alma la presencia de una nueva forma intacta.

· El espíritu puede exportar la técnica, pero sólo transportar la ciencia. La técnica es bien mostrenco; pero la ciencia se congela en recetas y dogmas, al divorciarse de la tradición espiritual donde nace.

· El destino no es necesidad irrecusable, sino invitación desafiante a plenitud de significado.

· El espíritu no se transmite de un mortal a otro mortal mediante formulas. Más fácilmente que por un concepto, el espíritu pasa de un alma a otra alma por una quebradura de la voz.

· Pocas discusiones son más que debates entre una trivialidad y una bobería.

· Las inteligencias cimeras tienen pesadez de estatua.

· En el imperio del espíritu nadie conquista sino el reino que hereda.

· Los grandes libros se defienden no pareciéndole grandes al lector que no eligen.

· El espíritu es falible sumisión a normas, no infalible sujeción a leyes.

· Lo que interrumpa rutinas frustra excelencias posibles.

· Como promesa de solución perfecta, el cristianismo es irrisión de toda solución imaginable.

· Los reaccionarios eludimos necesariamente por fortuna la vulgaridad del perfecto ajuste a las modas del día.

· El espíritu es la vida nueva que el sacramento del valor obra en el alma. Proceso que la revelación del valor inicia, que progresa con la apropiación de valores transmitidos, que culmina en el hallazgo de nuevos valores.

· Dios no es la meta de los que renuncian sino de los que desdeñan.

· Las cosas sólo exhalan su esencia en las manos crispadas de la nostalgia o del deseo.

· El pecado mortal del crítico está en soñar secretamente que podría perfeccionar al autor.

· Tan sólo entre amigos no hay rangos.

· La tradición es la suma de valores resultantes del proceso en que un espíritu se engendra dentro de una continuidad histórica.

· La mano que no supo acariciar no sabe escribir.

· las experiencias espiritualmente más hondas no provienen de meditaciones intelectuales profundas, sino de la visión privilegiada de algo concreto. En el larario del alma no veneramos grandes dioses, sino fragmentos de frases, gajos de sueños.

· Las distintas posturas del hombre lo colocan ante valores distintos. No existe posición privilegiada desde la cual se observe la conjunción de todos en un valor único.