de Alejandro Jodorowsky
El Ladrón de Voces
Después de que los policías se llevaron a su hombre, con la consigna de hacerlo desaparecer para siempre, mi madre perdió, junto con la alegría de vivir, la voz. Como un pájaro mudo se paseaba de una pieza a la otra sin querer salir a la calle. Yo, a los ocho años, tenía uno de esos poderes mágicos que los niños guardan como riguroso secreto entre ellos. Mediante una esponja de mar, que aplicaba en la boca de los adultos dormidos, podía robarles la voz.
Salí en el momento más oscuro de la noche y me introduje por la ventana en una casa de donde emergían profundos ronquidos. Era una muchacha obrera que, junto al montón de uniformes caquis que había tenido que coser, respiraba con la boca abierta, convertida en piedra. Le introduje la esponja en la boca y le extraje la voz. Cayó en mis manos un pajarillo invisible aleteando angustiado como si añorara un nido protector. Lo encerré en mi caja para galletas y corrí hacia mi madre. Por suerte ella también dormía con la boca abierta. Estrujé la esponja en su garganta y el pajarillo, con frenesí desesperado, se pegó en sus cuerdas vocales.
Cuando mi madre despertó, una voz tan aguda que rompió un vaso de vidrio, se escurrió como un hilo metálico de sus labios. “¡No quiero vivir, no, no quiero!” Esa frase se repitió incesante, por más que ella se tapó la boca para impedir su paso. Estallaron los otros vasos, los vidrios de la ventana, un florero, los focos de treinta watts y el único espejo, pequeñísimo, que mi madre conservaba en un rincón del baño. Esperé a que se durmiera, se la extraje y corrí a devolver el avecilla deprimente.
En la estación de trenes vi tendido en un banco, abatido por la borrachera, cubierto por papeles de diario que celebraban un triunfo militar contra los anarquistas, a un ferrocarrilero cesante. Le apreté las narices para que abriera la boca y le robé un largo ectoplasma que por breves momentos se pareció a un gato montés.
Mi madre, en la mañana, comenzó a amenazar con gritos roncos: “¡Pacos asesinos, los voy a matar a todos y también al bellaco que los manda!” Por primera vez en un año, abrió los postigos y comenzó a lanzar hacia la calle imprecaciones en contra del glorioso ejército nacional. Los vecinos, aterrados, pasaban de largo haciéndose los sordos. Yo moví una mano empuñada con el dedo gordo estirado hacia mi boca para hacerles creer que mi madre había bebido más de la cuenta. Una yerbatera, temiendo que llegaran los carabineros, le dio a mamá una infusión que la hizo dormir en pocos minutos. Le extraje el gato furioso y lo devolví a su aguardentosa guarida.
¿Qué hacer entonces? ¿Qué voz robar para abrir las puertas de ese corazón clausurado? La urgencia me condujo al riesgo. Me introduje por una claraboya del lupanar. Un caballero encogido como león sobre una señora a medio vestir daba frenéticos caderazos. Con los ojos cerrados, él, rugiendo de verdad, y ella, imitando alaridos de placer, no se dieron cuenta de mi presencia. Aproveché la gran abertura de los labios pintarrajeados para extraer una voz que salió parecida a una enorme ostra. Apenas la injerté en la garganta de mi madre, ésta se despertó y en enaguas como estaba salió corriendo a la calle para golpear en las puertas vecinas gimiendo: “¿Qué es una mujer sin su hombre? ¿Conocen los canallas que me lo desaparecieron ese atroz vacío que llevo entre las piernas? ¡Ardo, me ahogo, me convierto en un molusco!” Me la devolvieron amordazada y encordada como una larva. Me desesperé, tanto deseaba que la alegría volviera a reinar en nuestro hogar. ¿Acaso yo no le bastaba? Apenas llegaba del colegio barría los pequeños cuartos, hacía de comer, salía al centro a mendigar, volvía siempre con un poco de dinero y, además, a causa de la buena circulación de mi sangre, podía dormir con ella acurrucado junto a su fría panza como una bolsa de agua caliente. ¡No, yo no le bastaba!
Decidí, como último recurso, robarle la voz al cura. Era un flaco fanático, siempre enojado porque por culpa de los comunistas, aparte de unas viejas empolvadas, ya casi nadie iba a su parroquia. Lo encontré disimulando una siesta sentado en el confesionario. Pude hurtarle un fluido oscuro semejante a un zapato. Con cierta repugnancia lo introduje en la garganta de mi madre. Ella se puso de pie sobre la cama, alzó los puños hacia el techo y comenzó a insultar a nuestro buen Dios lanzando una y otra vez, como rencorosos puñales, las dos mismas palabras: “¡Viejo injusto!”
Temiendo que el Señor, ofendido, enviara a los milicos para que también a ella la desaparecieran, le devolví su zapato al cura. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¡Extraje mi propia voz! Surgió como una viborita y se enroscó temblando entre mis dedos. Sentí que una araña sorda y negra se anidaba en mis cuerdas vocales.
Mi madre se despertó con una sonrisa de niña, limpió la casa, hizo de comer, jugó a las muñecas y habló y habló y habló alegremente durante años. Nunca se dio cuenta de que yo estaba mudo.
Eugenia
No hay artes mayores ni menores. Cada obrero debe hacer un arte de su oficio. ¡Soy un artista! Maquillar muertos no es fácil: primero, el maquillaje debe ser imperceptible; segundo, tiene que dar un aspecto de salud y optimismo; tercero, reproducir exactamente los rasgos del cliente... A veces el material llega en mala condición. Color y carácter deben ser restaurados mediante datos que proporcionan familiares y amigos; datos siempre contradictorios. No obstante, yo cumplo mi tarea. Allí donde hay frío y deformación, pongo forma y color. No confío, como otros mediocres de mi oficio, en ojos de parientes, velados por lágrimas o miedo. ¡Soy un artista!... En pocos minutos más se podrá decir “era”.
Otro, en mi lugar, estaría contento. Creería haber llegado a la cúspide. No es para menos: encerrado en el Congreso, trabajo sobre el cadáver del "Inmortal". Afuera, un millón de camisas verdes esperan que abra la puerta para desfilar junto al "dormido". Ellos no saben. Yo sé.
Ayer, doce curas vestidos de civil me llamaron a la Gran Sede. En una oficina, luego que hube hecho toda clase de juramentos respecto a mi silencio, me revelaron el secreto. Ellos eran el cerebro y el "Inmortal" su marioneta... Es preciso que los camisas verdes sigan creyendo en la supervivencia del Jefe. Mi labor es maquillarlo hasta que se vea lo más viviente posible y repetir cada día mi obra de arte sin que nadie se entere. "¡Es fundamental para la causa el mito de la resurrección!", me han dicho. Tengo mi fortuna asegurada. Debería estar contento; no lo estoy. Cuando abra las puertas, firmaré mi condena. También la condena de esta falsa doctrina.
Nunca pude encontrar esposa a causa de mi oficio. Dicen que el olor a muerto emana de mis dedos. De vez en cuando, alguna depravada me busca para besarme las manos. Los pobres me desprecian porque realizo mi obra sobre rostros de ricos. No tienen razón. El rostro de un pobre, vivo o muerto, es casi lo mismo; a veces tienen una expresión más reposada dentro del ataúd que la que tenían en vida. Con los clientes de primera clase la cosa cambia: me traen el material disfrazado con fracs, uniformes, medallas, anillos, bandas, cruces, pecheras y me piden mucho color, mucho optimismo. Cuando quito esas cáscaras para dar el baño de rigor, del bulto imponente que ponen a mi disposición queda entre mis manos un miserable cuerpecito con las más feas expresiones de terror, maldad, orgullo o avaricia. Ellos sí tienen necesidad de mi arte. Y debo trabajar horas para hacer de sus caras algo decente.
No tengo, por lo tanto, hijos ni amigos; y un oficio como el mío hace amar la vida. Era una tristeza insoportable... De pronto, huyendo de los camisas verdes, llegó Eugenia. La escondí. No la encontraron. Su padre había sido contrario al "Inmortal". El líder, luego de asesinarlo, estaba exterminando a toda la familia. Eugenia tenía siete años y una mirada tan triste como la mía. A partir de aquel momento, la consideré mi hija.
Ella fue feliz conmigo. Yo fui feliz con ella... Me ayudaba a maquillar. Si nos tocaba trabajo un domingo, luego de terminada la tarea, hablábamos como payasos e improvisábamos absurdos diálogos a propósito del muerto, en voz baja para que no nos oyeran los deudos. Un chiste que hacía reír mucho a Eugenia era que colocáramos al difunto sentado en el ataúd, que yo me pusiera detrás, pasara los brazos por debajo de sus axilas y lo hiciera gesticular un discurso sobre el tiempo.
Dos años estuvimos juntos. Le enseñé mis secretos. Nadie sabe que ella — es un prodigio para alguien de su edad —, maquilló al cardenal Barata. Trabajo le costó hacer de la atroz mueca de escepticismo y desprecio, una sonrisa beatífica... ¡La mirada triste de Eugenia no cambió nunca. Sin embargo, su sonrisa, aún después que los camisas verdes la mancillaran, resplandecía como el sol. No soy poeta: afirmo que su sonrisa era para mí como el sol. Pero el "Inmortal" no se apiadaba del sol ni del universo entero. Recuerdo que dijo: "Si Dios baja a la Tierra y su nariz no me gusta, a Dios mismo lo mando fusilar".
Delatar, ¿qué impulsa al hombre a este acto? Ni lucro, ni envidia, ni venganza, ni espíritu de justicia. Creo que la delación es un instinto. Y el amor, ¿por qué nos conduce al riesgo? ¿Acaso la felicidad no puede encontrarse sino junto al peligro mortal? Al final salía con Eugenia durante el día, íbamos al trabajo cantando, asistíamos a los desfiles con antorchas, jugábamos a la rayuela frente a los cuarteles de camisas verdes... Fue normal: nos delataron.
Reconozco que el líder era un genio teatral. Me llamaron por teléfono. "Dos clientes... Viejo matrimonio... Entierro de lujo... El rostro del caballero para usted... El de la dama para su ayudante..." Llegamos a la dirección indicada. Un lacayo, demasiado altivo para su oficio, se alejó con Eugenia dejándome en una pieza. No había cadáver. Sólo un féretro vacío para niño... Quise abrir la puerta. Estaba encerrado. Oí risas obscenas y ruido de botas. Esperé... Cuando me lanzaron el cuerpo de Eugenia gritando "¡Es tu turno!", no quise comprender. Realicé sobre su carita el maquillaje de payaso que siempre me pedía y la deposité en el pequeño ataúd.
Encerrado en el Congreso, trabajo sobre el "Inmortal". Afuera un millón de camisas verdes esperan que abra la puerta. Mi obra está terminada... Firmaré mi condena de muere. También la condena de esta falsa doctrina: - ¡Entren, camisas verdes, vean!
El Cura-Monasterio
No tengo sotana. Vivo dentro de un tarro en el patio del convento. Los monjes me lanzan un pedazo de pan. A veces dentro del pan hay queso. El domingo, antes de que lleguen las visitas, me hacen salir del tarro para que vaya a esconderme al bosque. No me alejo mucho. Me subo a un cerro y vigilo. Sé que el monasterio tiene los cimientos podridos. Por eso no debo cejar. Si detengo mis esfuerzos y dejo de contraer los músculos del vientre, comenzaré a desplomarme por el campanario. Tic-tac, son las dos.
Cuando llegué era un simple cura. Un día comenzó a trizárseme un ladrillo. Salí del tarro, medio sonámbulo, me dirigí a uno de los muros, enyesé la quebradura y se me alivió el dolor.
Luego empecé a sentir las murallas. Una plaga de ratones cavando galerías me hizo sufrir con sus mordiscos antes de que llegara a acostumbrarme. Aún toso. También me molestó el peso de tanto crucifijo y los clavos de aquellos cuadros con ángeles, enterrándose en mi estuco cual alfileres en la médula de los dientes. No podía comer el pan: me acostumbré.
La torre y los cimientos vinieron después. Sentir las campanas agitándose dentro del hígado fue una felicidad que pudo únicamente ser destruida por la carcoma que devoraba mis cimientos. Comprendí mi labor: día y noche debería velar para no desmoronarme. Que mi campanario, que mis paredes, que mis pisos no se sumerjan en el abismo depende de mi resistencia. Contraigo el vientre. Yo soy el cura-monasterio. Debo luchar.
Los monjes dicen que no soy cura. Cuando les digo que me duele un vitral, se ríen. Cómo explicarles que sé exactamente el número de pasos que dan sobre mis baldosas. Explicarles que siento debajo de mis costillas sus vueltas y revueltas bajo las sábanas. No me creen. Ayer bebí cuatro litros de vino. Salieron al patio dándose golpes en el pecho y gritando: “¡Temblor de tierra!” Al que se ríe más, le dejé caer una cornisa en la tonsura.
Ellos piensan que el monasterio es eterno. Yo sé que voy a morir. No estoy loco: yo no digo que soy el monasterio. (Me refiero a su materia.) Soy la conciencia de él. Al mismo tiempo existo como hombre. No es complicado. No tiene nada de raro. Si me embriago, el monasterio tiembla. Si el viento atraviesa las ventanas, me dan escalofríos. Mis colegas tratan de salvar sus almas. Yo lucho para que los cimientos podridos no se derrumben.
El ruido de sus plegarias me produce grietas. Les he propuesto que recen pensando. Han cantado más fuerte. Justo debajo, hay una trizadura que hará hundirse el altar. El dolor lo tengo en un riñón. Son ellos los que me están destruyendo con tanto moscardoneo, tanto crucifijo, tantos cuadros, tanta agitación bajo las sábanas. Son ellos los que me alimentan mal. Son ellos los que mañana me derrumbarán.
Es domingo. Ha venido con su hermoso uniforme militar el Presidente de la República, seguido por veinte caballeros de la aristocracia y muchos soldados. Estoy más enfermo que nunca. Se han puesto trajes de gala. Parecen vestidos como para un baile. Ya no doy más. ¿Por qué no me tocó ser cura-volantín o cura-hierba? Habría sido delicioso sentir el aire puro de la altura agitando mi simple papel de color o la tierra dulce apretando, tibia, mis raíces.
No tengo dudas sobre lo que soy. No obstante, experimento el deseo de probar, a ellos y a mí, tangiblemente, que soy el monasterio. Aquí hay algo que está mal. Uno: si no me decido a relajar el vientre, jamás caerán las murallas y nunca podré tener la prueba. Dos: si me decido a dar el mortífero paso, a costa de la destrucción tendré esa prueba. (Soy hermoso; bajo la lluvia mis tejas brillan como escamas de salmón.) ¿Pero si las murallas, a pesar de mi acto, no cayeran?
No dejaría de ser lo que soy. Probablemente no sea aquel monasterio sino otro idéntico que puede estar en cualquier parte. Además, ¿es necesario que exista un monasterio “real”? Me basta saber que si dejo de contraer los músculos del vientre, yo, yo mismo me elimino.
La Idea
Antes de que la idea apareciera, yo creía ser feliz. Trabajaba en Investigaciones. Filas de conspiradores, con toda seguridad comunistas, a quienes no distinguía por los rostros sino por las tarjetas de identificación que les colgaban del cuello, esperaban llegar a mí. ¡Blandiendo un punzón eléctrico y pistola negra, yo era la obligada meta!
Siempre me esmeré en reventar lentamente cada testículo o pezón, aunque para ello tuviese que retardar varias horas el avance de la fila. Por amor a mi oficio, adquirí técnicas que me permitieron obtener confesiones semejantes a poemas. Secretamente alimentaba yo la creencia de que el Supremo estaba enterado de mi habilidad y que, al término de cada jornada, se reunía con su Estado Mayor para admirar las fotografías de mis obras de arte. (Para abrir un tórax de tal manera que semeje una magnolia roja, se necesita un buen gusto extremo.) Estaba orgulloso. Eso era antes. Ahora estoy vomitando.
La cosa empezó por mi culpa: hacer desaparecer a un fulano se me había hecho rutinario. Con el apoyo del Alto Mando, mandaba borrar su acta de nacimiento y todos los demás documentos oficiales, amén de su cuenta bancaria, su registro telefónico, etcétera. Esto parece complicado pero era relativamente simple. Bastaba un telefonazo para poner en marcha la red desaparecedora y en menos de cuarenta y ocho horas el criptocomunista se esfumaba. Bueno, le quedaba el molesto cuerpo. Yo mismo, en cómodos fines de semana, cuando podía ausentarme de la capital en forma discreta, los liberaba casi a todos de esa carne ya carente de significado social. Un hombre sin papeles es un fantasma. A veces era en el desierto, otras en playas deshabitadas o en bosques del sur. Mejor no amontonarlos en promiscuas fosas comunes. Un desaparecido no puede formar grupos, tiene que irse al agujero, solo, sin encontrar ojos que al verlo lo definan.
Ellos mismos tenían que cavar su fosa. Es curioso cómo cada uno abría un hoyo diferente: a veces eran rectangulares; otras, a causa de que les temblaban las manos, informes. Los había profundos y grandes, como si fueran a contener una vaca o tan pequeños que me veía obligado a cortar al muerto en dos para que cupiera. Es curioso: los que ejercían una profesión intelectual cavaban fosas de muy poco fondo.
No hay mucha diferencia entre la muerte de un conejo y la de un hombre; basta un golpe en la nuca y se acaba la comedia, Bueno, el golpe no lo daba con mis puños sino con un bate de béisbol, por higiene. Luego los cubría con piedras y tierra, punto. ¡Desaparecidos para siempre!
Sí, borrar a un fulano se me había hecho rutinario. Pero este día de verano, en Investigaciones, la cola de tantos inculpados para caber en la sala debe formar una espiral. El aire se vicia. Apenas puedo introducirles las ratas hambrientas en el ano. Por el interior del pantalón, a causa de mi vientre sudado, se desliza la pistola. Me inclino para recogerla. ¡Sucede aquello que causa mi perdición: acude una idea!
Fue como si un sol inoportuno surgiera en mi cabeza iluminando recuerdos, órdenes inscritas, antiguas creencias. Al erguirme, sentí que mi calavera era un cofre relleno con diamantes venenosos. Esa sensación me produjo tal disgusto, que oculté mis ojos con gafas oscuras por temor de que alguien descubriera lo que llevaba incrustado en el cerebro. Al lado de aquella idea, mi pretérito se presentó como un magma nauseabundo; a pesar de todos mis esfuerzos me fui avergonzado de mis mediocres conceptos y, al fin, encontré ridícula mi pasión por hacer desaparecer ciudadanos en forma perfecta.
“He sido de una abominable debilidad; debo fortalecerme. ¡Así como tuve esta idea, la puedo eliminar!”
Solicité un largo permiso al Comité de Tortura. Me fue concedido con una facilidad que no dejó de herir mi orgullo. (Sobre todo cuando supe que colocaban en mi puesto a
Un burdo ex boxeador.) Semanas estuve encerrado forzando mi cerebro. Me incliné innumerables veces. Me tendí de espaldas en la cama mirando el techo o boca abajo con la cabeza colgando al borde del somier. Nada sucedía. Fracasaron las mojadas en el ceño con agua caliente, el golpearme el mentón con un puño, azotar mi nuca con un zapato. Dentro de mí, la idea brillaba como una tarántula incandescente. Me di cuenta de que había algo ajeno queriéndome utilizar como instrumento.
“Ella no ha sido creada por mí. Cuando me incliné, vino de otra parte a mi cerebro para anidarse en su centro hasta destruir mi vida. ¡Impediré que surja de mi boca! ¡He de olvidarla!”
Meses estuve tratando. Comí poco; me sumergí en los cinematógrafos; participé en desfiles religiosos y políticos; memoricé la nueva Constitución; recurrí al alcohol, a la morfina, al embrutecimiento sexual. Vanos esfuerzos: ¡olvidé hasta mi nombre, pero la idea no perdió su nitidez!
Como último recurso pensé en degollarme. Sin embargo, la duda me retuvo. ¿Era ese el medio de eliminarla? ¿Y si después de que yo muriera el ex boxeador, torpe, dejaba caer cualquier cosa, las pinzas muerde-senos, por ejemplo? Al recoger mi cuerpo, los empleados de la funeraria se inclinarían. Catorce veces por semana, un hombre baja la frente al atar y desatar los cordones de sus zapatos. ¡Todo el mundo inclina la cabeza varias veces al día, por diferentes motivos! ¿Quién me aseguraba que, una vez libre de mí, la idea no aparecería en otro cráneo?
Guardé la navaja.
“Tengo la sensación de que juega conmigo. La única manera de eliminar esta cosa monstruosa es hacer lo que tan bien se hacer: desaparecerme.”
Seguí todo el ritual: di el telefonazo maestro y la red se puso en acción. En menos de cuarenta y ocho horas me convertí en un don Nadie. Al sábado siguiente tomé el automóvil y me fui a una playa abandonada llena de algas. Allí, desnudo, dejé surgir mi asco. Después de unas tremendas arcadas vomité los huesos del pie derecho; luego los del otro pie, seguidos por los fémures, la osamenta púbica, la columna vertebral que surgió como un gusano blanco, las costillas, los brazos, el cráneo, en fin, mi esqueleto entero. Convertido en un montón informe, vomité las tripas, el estómago y las otras vísceras. Luego fueron los músculos, la grasa, las arterias y venas, los nervios, y por último, como una gran hoja muerta, la piel. No quedó boca ni nada. Miento: quedó palpitando entre las algas, como un pez que agoniza, la maldita idea.
Aliviado, entré en el mundo de los desaparecidos. Lo encontré vacío. Al esfumarme yo, ellos, saliendo del olvido, comenzaron a aparecer.
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14.5.11
23.4.11
3.11.10
23.10.10
Fragmentos
de Alejandro Jodorowsky
Campo de concentración
El prisionero estira sus dedos y con trazos digitales forma un laberinto por donde su alma vaga buscando una salida.
Maestro Inútil
Caminó por esa ciudad en la que todos los habitantes se apresuraban a entrar temprano en sus casas para que no los sorprendiera el toque de queda. Tenía infinitas respuestas, pero no encontró a nadie que quisiera hacerle una pregunta.
La Frontera
Con el pecho cubierto de medallas regresó el viejo soldado. Arrastrando su pierna ortopédica dejó una larga línea en la tierra. Esa huella iba dividiendo el mundo en dos. Un lado estéril que rápidamente se convertía en desierto y un lado fértil poblado de bosques, flores exuberantes y aves multicolores... El viejo soldado, con el pecho cubierto de medallas, se perdió en el horizonte. Poco a poco el viento y la lluvia borraron esa huella. El mundo recuperó su unidad.
Misterios del Tiempo
Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.
Íntima Tarea
Un señor quiere limpiar, con una tarjeta de visita, la abertura trasera de su elefante. Apenas comienza la íntima tarea, se da cuenta de que la exigua cartulina es insuficiente por que el arrugado círculo exige más bien la página doble de un periódico. Careciendo de tanto papel o no queriendo buscarlo, el caballero decide coser la salida hasta dejarla del tamaño de una moneda de cinco centavos. Entonces con toda facilidad realiza la limpieza... El intestino del paquidermo, carente de escape apropiado, acumula materias pestilentes que, al fermentar, hacen estallar al animal entero. Uno de los trozos aplasta al señor y el resto de ellos ensucia e infecta la noble casa.
Epistemología
Con tristeza, el camaleón se dio cuenta de que, para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.
El Perezoso
Año tras año el viejo monje tibetano, en su nevado retiro, hacía girar, dormitando, su molino de rezos. Impulsado por una mano fláccida, el grueso cilindro giraba y giraba enviando hacia el cielo la vibración de sus letras sagradas. Como Dios premia los esfuerzos y no la pereza, cuando llegó la hora de la muerte, ofreció el cielo al molino de rezos y sumió en el infierno al monje.
¡Arde, Bruja, Arde!
La monja esta siendo quemada viva. Un mendigo, acosado por el frió, había llegado a la iglesia pidiendo albergue. Porque no tenía con que hacer un fuego para calentarlo, la monja quemo una virgen de madera. Ahora el abad, viejo reseco a quien nadie había visto sonreír, la quemaba a ella, acusándola de comunista sacrílega. Ardió la pira, ardió su cuerpo, ardió su cuerpo, pasaron la horas, los días, tres semanas, y la carne siguió echando llamas sin consumirse. Las noches de la aldea ya no eran oscuras, los gallos no cesaban de cantar, los vecinos no podían dormir. Formaron filas, se pasaron baldes llenos con agua para empaparla, el incendio no ceso. Así, lanzando lenguas de fuego, la arrojaron a un pozo que colmaron con arena. De ese profundo sepulcro emergió un calor intenso que atrajo moscas, arañas y víboras. Decidieron desenterrarla. La encontraron aún en llamas y además viva. Le rogaron que dejara de arder. Sin decir una palabra caminó hacia la iglesia, bajó del púlpito al abad y lo estrechó contra su pecho. "¡Entra en Su corazón!" Cuando el viejo se consumió sin dejar cenizas, ella dejó de arder. Tomó una escoba y, como de costumbre, se puso a barrer el piso. Los aldeanos le llevaron pedazos de leña temiendo que algún otro mendigo llegara a pedirle albergue.
Psicomagia
"No soy un borracho, pero tampoco soy un santo. Un hechicero no deberia ser un "santo"... Deberia poder descender tan bajo como un piojo y elevarse tan alto como un aguila... Debes ser dios y diablo a la vez. Ser un buen hechicero significa estar en medio de la tormenta y no guarecerse. Quiere decir experimentar la vida en todas sus fases. Quiere decir hacer el loco de vez en cuando. Eso tambien es sagrado."
El libro de la muerte
Le dijeron que si iba a cierta caverna de una montaña de los Andes, encontraria a una anciana curandera que podria decirle, consultando un libro, el dia exacto de su muerte. Despues de mucho cavilar, decidio ir a visitarla. La vieja extrajo una pequeña libreta del interior de un craneo adornado con pedazos de espejo y le comunico la fatal fecha: solo le quedaban dos años de vida.
El visitante lanzo un gemido de angustia. Luego sonrio, incredulo.
- Viejita, ¿Como va a ser posible que tengas anotada en esa infinita libreta la fecha de muerte de los millones de seres humanos que pueblan la tierra?
- Hijo mio, e verdad aqui tengo escrito solo el nombre de los pocos que han de atreverse a venir a consultarme.
Tu destino es...
"Tu destino son las estrellas no hagas un nido en la cama decide quebrar las anclas desaloja la escalera no trasquiles crea lana abre el ojo que no sueña pierde la carne y las venas deja desnuda a tu alma haz de tu nombre una hoguera y dile a tu cojo anda y dile a tu avaro ama
¡Corónate de una cresta!"
- Jaime, he terminado de estudiar el asunto: este periodo de prosperidad del que hablan tanto los periodistas es solo blanqueo de sepulcro. La verdad no anida en las paginas editoriales, sino en las economicas. El pais que llamas tuyo, espero que no te equivoques, esta siendo vendido, mina por mina, campo por campo, a los norteamericanos. Claro que los dolares parecen bendicion para los que viven especulando, pero son papeles que se esfuman. La riqueza del suelo se la llevan los extranjeros. Tus chilenos no se estan enriqueciendo sino endeudando. Situacion peligrosa. el hambre popular puede gestar una revolucion.
Deslumbrar
¡Igual que la mentira, la verdad necesita charlatanes, por que si no la ensalzan, nadie la nota!
El arte delTarot
Nadie sabe quien invento el Tarot, ni donde, ni cuando. Nadie sabe lo que significa esta palabra, y tampoco a que idioma pertenece. No se sabe tampoco si esta al origen del juego de cartas o solamente el resultado de una lenta evolución que hubiera empezado por la creación de un juego de cartas llamado "naïbbe" (cartas) y al cual se le hubieran agregado los ARCANOS MAYORES y las PINTAS: Primer punto de referencia certero, la prohibición en 1376 en Bern, del juego de cartas. En 1392, esta dicho en las minutas de Charles Peupart, tesorero de Carlos VI, se pagaron 56 sols al Jacquemin Gringonneur de París, para pintar tres juegos de cartas en dorado. Pero esto no quiere decir que Gringonneur haya inventado el Tarot...
En 1377, un monje alemán – Johannes- menciona un juego de carta que habría visto en suiza. En España, se señala la aparición del juego de cartas en 1378.
En 1457, San Antonio, en su "Tratado de Teología" hace referencia al Tarot. En 1500, un manuscrito latín – "Sermones de ludo cum aliis"- contiene la lista de los ARCANOS MAYORES.
Hasta el siglo XVIII, el Tarot es asimilado a un juego de azar y su sentido profundo pasa desapercibido. Se copian los dibujos, se los transforman, se los mutila, se adornan con retratos de nobles, se les pone al servicio a la suerte de la corte. Pero en 1781, el autor francés Court de Gebelin redescubre el Tarot (de Marsella) y lo presenta en el noveno volumen de su "Mundo Primitivo". Agregando un cero al LOCO, equivocándose en los números del EREMITA y de la templanza agregando un pie a la mesa del malabarista, transformando el cetro del Papa, dibujando el Ahorcado de pie etc., pretende también corregir los "errores" del original y, ignorando sus inexactitudes, dándole al Tarot un origen puramente inventado: las 22 CARTAS
Mayores serán jeroglíficos perteneciendo al "Libro del Toth" rescatado de las ruinas egipcias hace mas de mil años... Diez años mas tarde, un adivino, el barbero Eteilla "restaura" la "significación" del Tarot de Marsella y establece entre sus Lames fantasiosas unas menos fantasiosas relaciones con la Astrología y la Kabbale. ¡Y desde entonces, miles de libros fueron escritos demostrando que el Tarot toma su fuente de los Egipcios, los Chaldeos, los Hebreos, los Arabes, los Hindus, los Griegos, los Chinos, los Mayas, los Extraterrestres, los Suprahumanos, cuando no se evoca al Atlántida o a Adam si mismo susceptibles de haber dibujado los primeros bosquejos! La palabra TAROT seria egipcia (TAR: caminos; RO, ROS, ROB: real), hindu-tartaro
(TAN-TARA: zodiaco), hebreo (TORA: ley), latín (ROTA: rueda; ORAT: el habla), sánscrito (TAT: el todo; TAR-O: estrella fija), Chino (TAO), etc.
Diferentes grupos étnicos y religiosos, diferentes sociedades secretas se han reivindicado la paternidad: Gitanos, Judíos, Masones, Rosa-Cruz, Sofistas... Encontramos influencias de los evangelios y del relato del Apocalipsis (en las Lames como EL MUNDO, EL AHORCADO, LA EMPERATRIZ, LA JUSTICIA, LA TEMPLANZA, LA FUERZA, EL DIABLO, EL PAPA, EL JUICIO), enseñanzas tantricas, del "YI KING" y del calendario solar azteca. Algunas ven en el Tarot una obra de alquimia, kabbalistica, astrológica, aritmomancica. Cada sociedad, cada nudo esotérico, cada rama de la magia, cada Iniciado, cada nacionalidad, cada artista sienten entonces la necesidad de pintar por fin el verdadero Tarot.
Violeta
La celebridad de Violeta Parra es tan grande que es muy poco lo que yo puedo revelar de ella. La conocí en París, donde vino en dos ocasiones. Primero en 1954 (por dos años) y después en 1961 (por tres años). En el primer período, aún no famosa, para ganarse la vida cantó en un pequeño bar del Barrio Latino, L’Escale. Su sueldo miserable sólo le permitía pagarse un cuarto de hotel de una estrella y cocinar ahí una modesta comida estilo chileno –carbonada, pastel de choclo, ensalada de tomate con cebolla– que muchas veces compartió con sus seis principales amigos, uno de los cuales era yo. Lo cuenta en su libro Décimas. Autobiografía en versos: “Para mi amigo Alejandro que me alentara en París con una flor de alhelí y una amistosa sonrisa, su mano fue una delicia allá en esa vida ausente; ayer sembraste simiente hoy florecen y fructifican”. Dice que yo la alenté en París, pero fue lo contrario. Su tenacidad y energía me contagiaron. Violeta cantaba desde las diez de la noche hasta las cuatro de la mañana, luego se levantaba a las ocho y corría a grabar los cantos chilenos que había recogido de labios de viejas campesinas –“a lo humano y a lo divino”–, ya fuera para Chant du Monde o para la Fonoteca Nacional del Museo del Hombre. Yo protesté:
–Pero Violeta, ¡si no te dan ni un céntimo! ¡Tienes que darte cuenta de que, en nombre de la cultura, te están estafando!
–No soy tonta, sé que me explotan. Sin embargo, lo hago con gusto: Francia es un museo. Conservarán para siempre estas canciones. Así habré salvado gran parte del folklore chileno. Para el bien de la música de mi país, no me importa trabajar gratis. Es más, me enorgullece. Las cosas sagradas deben existir fuera del poder del dinero.
Violeta me dio una inolvidable lección. Gracias a su ejemplo he leído el Tarot y dado consejos de Psicomagia de forma gratuita.
Cuando regresó a París, siete años después, ya era una cantante conocida y respetada en Chile no sólo por su arte sino también por sus valiosas investigaciones de su olvidado folklore. Grabó sus propias canciones (“Gracias a la vida”, entre ellas) para el sello Barclay. Actuó en el escenario central de la fiesta del diario comunista L’Humanité. A pesar de todo ello, siguió siendo una mujer con la apariencia de una humilde campesina; y su cuerpo menudo encerraba un alma de una fuerza sobrehumana... Paseándome con ella por las orillas del Sena, llegamos frente al Palacio del Louvre.
–¡Qué imponente museo! –le dije–. El peso de tantas obras de arte, de tantas grandes civilizaciones, a nosotros, pobres chilenos sin tradición, con chozas de paja en vez de pirámides, con humildes cacharros de greda en lugar de esfinges, nos aplasta.
–Calla –me contestó altiva–. El Louvre es un cementerio y nosotros estamos vivos. La vida es más poderosa que la muerte. A mí, que soy tan pequeña, ese enorme edificio no me asusta. Te prometo que pronto verás ahí dentro una exposición de mis obras...
No supe si considerarla loca o aquejada de una ingenua vanidad. La conocía como cantante, no como artista plástica.
Violeta contaba con muy poco dinero. Compró alambre, arpillera barata, lanas de colores, greda, algunos tubos de pintura. Y con esos humildes materiales creó tapices, cántaros, pequeñas esculturas, óleos. Eran sus propias obras y, al mismo tiempo, la expresión de un folklore chileno desaparecido en la realidad, pero atesorado en las profundidades del inconsciente de mi amiga. ¡En abril de 1964, Violeta Parra inauguró su gran exposición en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsan, del Palacio del Louvre!
Esta increíble mujer me enseñó que, si queremos algo con la totalidad de nuestro ser, acabamos lográndolo. Lo que parece imposible, con paciencia y perseverancia se hace posible.
Loco genio o mentiroso?.
En tus libros, nos has revelado una forma de ver el mundo diferente, has hecho revivir el concepto de guerrero espiritual, has vuelto a poner de actualidad el trabajo sobre el sueño lúcido y sin embargo no sé si eres un loco, un genio o un mentiroso.
Muchacha Inteligente.
¡Pensar es crear y crear es creer; no permitas que entre la duda en tu alma, no te alejes de la realidad en la que crees, implántala, tu puedes hacerlo, este mundo es tuyo! ¡Ponte de rodillas: si rezas con todas tus entrañas, la ilusión se hará realidad!
Frase Mariposa
" ...el apocalipsis aquí está. Los americanos saben de esto, de que la única esperanza son los platillos voladores. ¿Usted sabe cómo veo el mundo? Como una persona que está muriendo. Como un gusano que está muriendo para hacer una mariposa. No debemos detener al gusano, debemos ayudarlo a morir para ayudar a la mariposa a nacer. Necesitamos bailar con la muerte. Este mundo está muriendo, pero muy bien. Haremos una mariposa enorme, grande, grande. Usted y yo seremos los primeros movimientos en las alas de la mariposa porque estamos hablando de esto. "
- ¿Es verdad que tú eres muy valiente porque siempre estás afrontando el escándalo?
- Estoy muy contento, Alejandro, que me hayas hecho esta pregunta. No soy "valiente". Por el contrario, soy extremadamente miedoso. Pero debo aclararte que para mí, miedoso no es sinónimo de cobarde ni de angustiado. Asistí a una conferencia de Erich Fromm donde este sociólogo expuso la diferencia entre la angustia y el miedo. Se tiene angustia cuando no se sabe a qué se teme. La sociedad actual es una sociedad angustiada porque no quiere enfrentar sus problemas.
Históricamente hemos ido sufriendo muchos contratiempos que han sido verdaderas patadas para nuestro orgullo humano. Nos arrojaron del centro del universo probando que el Sol no giraba alrededor nuestro. Luego supimos que el astro rey era muy pequeño, que estábamos existiendo en una ínfima galaxia, que éramos una mota de polvo perdida en la inmensidad del infinito. Freud destronó a la "razón" y nos demostró que éramos dominados por el inconsciente. Marx nos reveló que casi todos los problemas no tenían raíz en el "alma", sino en la realidad económica... el alma podía mejorar si el país tenía una economía bien dirigida. Gurdjieff, en el terreno esotérico, afirmó que nada hacemos, que todo no sucede; que somos máquinas... etc. La civilización occidental sólo nos enseña a vivir, pero rehuye enseñarnos a morir. Todo lo que tenga que ver con desintegración o muerte es considerado negativo...
El hombre actual está angustiado. No sabe, repito, a qué le teme. No se deja hipnotizar por miedo a comportarse de una manera extraña, ni quiere ir al psiquiatra porque le pueden decir lo que es y él tiene angustia de saber qué es en realidad. Fromm aconseja transformar esa angustia en miedo. El miedo es el temor a algo "conocido". Un angustiado se oculta en su concha y no lucha contra el mundo. Un miedoso sabe quién es su enemigo y lo combate. Un cobarde sabe quién es su enemigo pero no le presenta pelea. Un cobarde es un ser despreciable, quizás mucho más que el angustiado. Un miedoso es un ser positivo. Ahora bien, un valiente, el que no teme a nada, es un inconsciente o un idiota. Es el falso superhombre que se inmola inútilmente sin decirse que su deber es mantenerse vivo la mayor parte de su vida para luchar incansablemente. Es más difícil vivir que morir...
La mayor parte de los ciudadanos, no tienen vergüenza de su angustia porque la ocultan bajo el alcohol o los demás narcóticos y transforman su angustia en un "patín loco" o en una "onda formidable". Si tienen vergüenza del miedo y se hacen pasar por héroes (de tertulia). Se necesita humildad para decir: le temo a mis enemigos, son fuertes, son poderosos; a veces tienen la razón en las críticas que me hacen; pueden dañarme, etc. Aceptando al enemigo exterior e interior... - (soy egoísta, tengo núcleos homosexuales, poseo un complejo de Edipo no resuelto, mi aparente inferioridad esconde un sentimiento narcisista de supervalía, etc) - puede entablarse con él una provechosa batalla. Si afronto el escándalo no es porque sea valiente, sino porque he vencido a mi angustia.
- Mira, Alejandro, yo te conozco desde que naciste y a mí no me engañas: ¡Tú buscas el escándalo como forma de expresión! No te interesa la obra que produces, sino el efecto que ella va a causar. Tratas de agredir para que te "noten".
- Tus frases, Alejandro, prueban lo que dicen los derviches árabes: "El peor enemigo que tenemos somos nosotros mismos". También, al agredirme así, me demuestras que la agresión es afectividad. Quien agradece mucho lo hace porque tiene una carga afectiva inconsciente que no puede expresar. Estoy seguro que la gente que odia a los negros tiene una inferioridad sexual respecto a ellos; a estos racistas les gustaría tener los atributos de la raza a la que persiguen. Tú me atacas porque me quieres. Quisieras que yo fuera lo mejor que hay en el mundo. Pero como el mundo tiene infinitos centros y nadie puede ser el mejor, te decepcionas de mí porque no puedo ser "héroe". Si en realidad me amaras sanamente, me aceptarías como soy, ni muy grande ni muy pequeño.
No intentes "mejorarme". Mejor trata de "aceptarme". Una planta es bella aunque no de duraznos. Si a un helecho le pides duraznos, terminas por matarlo. La hierba es bella siempre que no le exijas flores. Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.
Nunca busqué el "escándalo". Producir un escándalo en esta sociedad escandalosa es lo más difícil que hay. Todos los artistas superficiales han tratado de hacerlo: desde exponer un urinario como escultura (Marcel Duchamp) pasando por colgar una red descuartizada como decorado de Ballet (Maurice Bejart) hasta hacer pintar a unos erizos (Dalí). La sociedad absorbe estos escándalos formales, salen tres o cuatro artículos en los periódicos y no pasa nada.
La única posibilidad de escandalizar actualmente es tratar por todos los medios de no hacerlo. Tratar de expresar la VERDAD. En una sociedad de mentirosos, la VERDAD es escándalo. En una sociedad degenerada, la HONESTIDAD es escándalo. En una sociedad enferma, la SALUD es escándalo., En una sociedad hipócritamente religiosa, el VERDADERO MISTICISMO es escándalo.
Si mis obras han escandalizado, debo sentirme orgulloso, no del ruido que han hecho, sino de que, hiriendo, prueban que algo tienen de verdadero.
El primer escándalo de nuestra civilización es Cristo. Los evangelios son la historia del gran escándalo que provocó un Dios diciendo verdades tan humanas que fue crucificado. No ha habido una sola idea, doctrina, arte que haya nacido tranquilamente si tenía valores. La verdad al nacer ilumina tinieblas. Estas tinieblas se convulsionan y agreden. Lo nuevo en cultura es sinónimo de destrucción de otras culturas. Los que hacen el escándalo no son los creadores, sino los perezosos que, al no querer cambiar, se aferran a su enfermedad y podredumbre y segregan, como lo hace un organismo, anticuerpos para acabar con lo nuevo. Para un cuerpo enfermo, las medicinas con como un veneno que matará a los gérmenes nocivos. Dolor y muerte son los padrinos de cualquier nueva vida.
- ¿Te parece justo que en pleno siglo veinte existan pobres y ricos, mujeres con educación inferior a los hombres, odios raciales, luchas de partidos políticos, intolerancia religiosa, multiplicidad de idiomas, países con fronteras, pasaportes, aduanas, censura, matrimonio, mayoría de edad sólo a los 21 años y no a los siete años, plan de estudios obligatorio, mayor admiración para un médico que un carpintero, sacerdotes que no pueden casarse, control de natalidad no permitido, dinero, guerras, padres que nunca han estudiado para serlo, periodistas casi analfabetos y no universitarios, médicos comerciantes, políticos que no han sido ni serán psicoanalizados, burócratas que no practican yoga ni meditación Zen, libre venta de alcohol y protección a las industrias cerveceras, televisión dirigida por cretinos a millones de cerebros infantiles, telenovelas escritas por señoras degeneradas mentalmente, automóviles funcionando a gasolina y envenenando la atmósfera del planeta, etc?
- Nunca pensé que el mundo estuviera así. Como soy un artista no me preocupa de la realidad. Me has aterrado. ¡Hay que hacer algo! Por ejemplo: Inmediatamente correr a todos los periodistas. Dejar los periódicos reducidos momentáneamente a una escueta y pequeña hoja informativa e inaugurar una UNIVERSIDAD DEL PERIODISMO. Allí se les enseñará que su actividad es una de las más importantes para la construcción de un país. Cada letra que escriban debe ser un ladrillo positivo para mejorar el mundo. Aprenderán la honradez y la objetividad.
Cerrar también los canales para sanearlos de su inmundicia. Constituir un consejo de las más altas personalidades del país, las más evolutivas y hacer que ellas dirijan la televisión. Ningún simple particular tiene derecho, para lucrar, de invadir los hogares con imágenes imbéciles. La televisión es patrimonio del país. El pueblo tiene derecho a una televisión humana, sana, inteligente, educativa.
Mandar al psiquiatra a todos los profesores primarios. También a meditación yoga. Subirles el sueldo. Ellos tienen en sus manos a la juventud... Deben por lo tanto gozar de sueldos tan elevados como los de un cantante de tangos o de un dueño de estacionamientos.
En fin... seguiré pensando sobre este terrorífico tema y te iré contando lo que se me ocurra
La Mejor Bicicleta
Un joven solía salir con sus amigos a pasear por el campo en bicicleta. Amaba la tierra fragante, el verde de las praderas, el esplendente color de las flores. Un día se dijo: “¡Mejoraré mi bicicleta para poder viajar por el mundo entero!” Trabajó sin descanso agregándole ruedas poderosas, mecanismos nuevos. Aumentó su ambición: “¡Será la mejor del mundo!” Le dio grandes motores, faros de kilométricos alcances, defensas puntiagudas. Lo que había sido una simple bicicleta era ahora un vehículo más grande que una casa. El joven, envejecido por el continuo esfuerzo, comenzó a cubrir su carruaje con placas de oro. “¡Estos adornos no son útiles, pero provocarán envidia!”
Una mañana de primavera llegaron sus amigos a buscarlo. “¡Ven a pasear por el campo! ¡Respiremos aire puro!” En la oscuridad de su taller, en medio de los gases de la gasolina, pegado al dorado monumento que había perdido la facultad de desplazarse, el anciano les respondió: “¡No puedo ir! ¡Tengo que cuidar mi valiosa bicicleta!” Llenó la casa de trampas, alarmas, cañones. Desde una ventana enrejada observó las alegres cabriolas de los ciclistas. Exclamó con odio: “¡Como no tienen nada, algún día van a tratar de robarme la bicicleta! ¡Será mejor que los destruya ahora mismo con mis cañones!”
La Bolita
Por exigencias del protocolo, un rey que tiranizaba sin piedad al pueblo, tenía que salir de su fortaleza en una carroza de oro, recorrer la Avenida Central hasta el parque en donde lo esperaba su ejército, y rendir honores a la bandera.
Tanto era el descontento que su régimen rapaz había sembrado, que el tirano temía por su vida. Sus secuaces tomaron todas las precauciones imaginables: el mandatario fue cubierto con una malla de acero; la carroza, rodeada por lanceros montados a caballo; el camino, bordeado por espadachines para impedir que el pueblo se acercara al carruaje dorado. En los techos y ventanas se distribuyeron miles de arqueros prestos a lanzar sus flechas al menor gesto sospechoso. Cerraron las vías de acceso y sólo dejaron entrar ciudadanos que habían sido celosamente registrados. Para rematar estas cautelas, colocaron escudos en la carroza y un techo de acero... ¡Comenzó el desfile!
La multitud, aterrada, no osaba mover un dedo.
Un anciano que estornudó fue atravesado por cien flechas... El hijo de un guardián, sentado junto a su padre, jugaba a las canicas mientras éste vigilaba a los espectadores. El niño, al ver ese imponente y amenazador carruaje, se asustó tanto que dejó caer una de sus bolitas. Ésta rodó por entre los cascos de los caballos y fue a dar justo debajo de una rueda que, al pasar sobre ella, rebotó y salió de su eje provocando que el carro se volcara y que el tirano pereciera aplastado bajo el peso de sus blindajes.
El León y el Burro
Por unanimidad, el león fue nombrado Emperador de la Selva. Al comienzo, el digno cargo lo llenó de orgullo, pero a los pocos días se angustió. En todos los claros y rincones estallaban crueles batallas. Nadie podía caminar con seguridad por los senderos. Al caer el sol, los animales se encerraban temblando en sus madrigueras.
Muchas especies habían dominado el secreto del fuego y mantenían brasas ardientes dispuestas a quemar la selva si fuera preciso, aunque la mayor parte de sus habitantes pereciera... El Emperador llamó al burro, su Primer Ministro. Lloró amargamente junto a una de sus largas orejas. “¡Mi fiel colaborador, nunca tendré fuerzas para solucionar tan enorme problema! ¡Vamos hacia la destrucción!”
El burro, con gran esfuerzo, pensó y luego dijo:
“Querido amo, si usted no llega a resolver un problema inmenso, trate por lo menos de resolver un problema pequeño, que esté al alcance de sus fuerzas. ¿Puede ordenar la selva entera?” “¡No!”
“Trate entonces de ordenar el área en la que usted vive.”
“¡No puedo —contestó el león
— porque hay tantas envidias en mi corte que no logro organizar un ejército!”
“¡Entonces, ordene su corte!”
“¡Imposible! ¡Hay tales disputas en mi propia familia que no tengo tiempo de pensar en otras cosas!”
“¡Entonces, oh Majestad, solucione los problemas de su familia!”
“¡No puedo, pedazo de burro, porque yo mismo me debato entre las ansias de servir a mi pueblo y el deseo voraz de comérmelo!” Y la fiera saltó sobre su Primer Ministro.
El burro, mientras era devorado, pensó: “Esto me pasa por tratar de mejorar al león antes que a mí mismo”.
Campo de concentración
El prisionero estira sus dedos y con trazos digitales forma un laberinto por donde su alma vaga buscando una salida.
Maestro Inútil
Caminó por esa ciudad en la que todos los habitantes se apresuraban a entrar temprano en sus casas para que no los sorprendiera el toque de queda. Tenía infinitas respuestas, pero no encontró a nadie que quisiera hacerle una pregunta.
La Frontera
Con el pecho cubierto de medallas regresó el viejo soldado. Arrastrando su pierna ortopédica dejó una larga línea en la tierra. Esa huella iba dividiendo el mundo en dos. Un lado estéril que rápidamente se convertía en desierto y un lado fértil poblado de bosques, flores exuberantes y aves multicolores... El viejo soldado, con el pecho cubierto de medallas, se perdió en el horizonte. Poco a poco el viento y la lluvia borraron esa huella. El mundo recuperó su unidad.
Misterios del Tiempo
Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.
Íntima Tarea
Un señor quiere limpiar, con una tarjeta de visita, la abertura trasera de su elefante. Apenas comienza la íntima tarea, se da cuenta de que la exigua cartulina es insuficiente por que el arrugado círculo exige más bien la página doble de un periódico. Careciendo de tanto papel o no queriendo buscarlo, el caballero decide coser la salida hasta dejarla del tamaño de una moneda de cinco centavos. Entonces con toda facilidad realiza la limpieza... El intestino del paquidermo, carente de escape apropiado, acumula materias pestilentes que, al fermentar, hacen estallar al animal entero. Uno de los trozos aplasta al señor y el resto de ellos ensucia e infecta la noble casa.
Epistemología
Con tristeza, el camaleón se dio cuenta de que, para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.
El Perezoso
Año tras año el viejo monje tibetano, en su nevado retiro, hacía girar, dormitando, su molino de rezos. Impulsado por una mano fláccida, el grueso cilindro giraba y giraba enviando hacia el cielo la vibración de sus letras sagradas. Como Dios premia los esfuerzos y no la pereza, cuando llegó la hora de la muerte, ofreció el cielo al molino de rezos y sumió en el infierno al monje.
¡Arde, Bruja, Arde!
La monja esta siendo quemada viva. Un mendigo, acosado por el frió, había llegado a la iglesia pidiendo albergue. Porque no tenía con que hacer un fuego para calentarlo, la monja quemo una virgen de madera. Ahora el abad, viejo reseco a quien nadie había visto sonreír, la quemaba a ella, acusándola de comunista sacrílega. Ardió la pira, ardió su cuerpo, ardió su cuerpo, pasaron la horas, los días, tres semanas, y la carne siguió echando llamas sin consumirse. Las noches de la aldea ya no eran oscuras, los gallos no cesaban de cantar, los vecinos no podían dormir. Formaron filas, se pasaron baldes llenos con agua para empaparla, el incendio no ceso. Así, lanzando lenguas de fuego, la arrojaron a un pozo que colmaron con arena. De ese profundo sepulcro emergió un calor intenso que atrajo moscas, arañas y víboras. Decidieron desenterrarla. La encontraron aún en llamas y además viva. Le rogaron que dejara de arder. Sin decir una palabra caminó hacia la iglesia, bajó del púlpito al abad y lo estrechó contra su pecho. "¡Entra en Su corazón!" Cuando el viejo se consumió sin dejar cenizas, ella dejó de arder. Tomó una escoba y, como de costumbre, se puso a barrer el piso. Los aldeanos le llevaron pedazos de leña temiendo que algún otro mendigo llegara a pedirle albergue.
Psicomagia
"No soy un borracho, pero tampoco soy un santo. Un hechicero no deberia ser un "santo"... Deberia poder descender tan bajo como un piojo y elevarse tan alto como un aguila... Debes ser dios y diablo a la vez. Ser un buen hechicero significa estar en medio de la tormenta y no guarecerse. Quiere decir experimentar la vida en todas sus fases. Quiere decir hacer el loco de vez en cuando. Eso tambien es sagrado."
Nota preliminar; Corzo Cojo
(brujo siux de la tribu Lakota)
(brujo siux de la tribu Lakota)
El libro de la muerte
Le dijeron que si iba a cierta caverna de una montaña de los Andes, encontraria a una anciana curandera que podria decirle, consultando un libro, el dia exacto de su muerte. Despues de mucho cavilar, decidio ir a visitarla. La vieja extrajo una pequeña libreta del interior de un craneo adornado con pedazos de espejo y le comunico la fatal fecha: solo le quedaban dos años de vida.
El visitante lanzo un gemido de angustia. Luego sonrio, incredulo.
- Viejita, ¿Como va a ser posible que tengas anotada en esa infinita libreta la fecha de muerte de los millones de seres humanos que pueblan la tierra?
- Hijo mio, e verdad aqui tengo escrito solo el nombre de los pocos que han de atreverse a venir a consultarme.
Tu destino es...
"Tu destino son las estrellas no hagas un nido en la cama decide quebrar las anclas desaloja la escalera no trasquiles crea lana abre el ojo que no sueña pierde la carne y las venas deja desnuda a tu alma haz de tu nombre una hoguera y dile a tu cojo anda y dile a tu avaro ama
¡Corónate de una cresta!"
- Jaime, he terminado de estudiar el asunto: este periodo de prosperidad del que hablan tanto los periodistas es solo blanqueo de sepulcro. La verdad no anida en las paginas editoriales, sino en las economicas. El pais que llamas tuyo, espero que no te equivoques, esta siendo vendido, mina por mina, campo por campo, a los norteamericanos. Claro que los dolares parecen bendicion para los que viven especulando, pero son papeles que se esfuman. La riqueza del suelo se la llevan los extranjeros. Tus chilenos no se estan enriqueciendo sino endeudando. Situacion peligrosa. el hambre popular puede gestar una revolucion.
extracto de:"Cuando Teresa se enojo con Dios"
Deslumbrar
¡Igual que la mentira, la verdad necesita charlatanes, por que si no la ensalzan, nadie la nota!
El arte delTarot
Nadie sabe quien invento el Tarot, ni donde, ni cuando. Nadie sabe lo que significa esta palabra, y tampoco a que idioma pertenece. No se sabe tampoco si esta al origen del juego de cartas o solamente el resultado de una lenta evolución que hubiera empezado por la creación de un juego de cartas llamado "naïbbe" (cartas) y al cual se le hubieran agregado los ARCANOS MAYORES y las PINTAS: Primer punto de referencia certero, la prohibición en 1376 en Bern, del juego de cartas. En 1392, esta dicho en las minutas de Charles Peupart, tesorero de Carlos VI, se pagaron 56 sols al Jacquemin Gringonneur de París, para pintar tres juegos de cartas en dorado. Pero esto no quiere decir que Gringonneur haya inventado el Tarot...
En 1377, un monje alemán – Johannes- menciona un juego de carta que habría visto en suiza. En España, se señala la aparición del juego de cartas en 1378.
En 1457, San Antonio, en su "Tratado de Teología" hace referencia al Tarot. En 1500, un manuscrito latín – "Sermones de ludo cum aliis"- contiene la lista de los ARCANOS MAYORES.
Hasta el siglo XVIII, el Tarot es asimilado a un juego de azar y su sentido profundo pasa desapercibido. Se copian los dibujos, se los transforman, se los mutila, se adornan con retratos de nobles, se les pone al servicio a la suerte de la corte. Pero en 1781, el autor francés Court de Gebelin redescubre el Tarot (de Marsella) y lo presenta en el noveno volumen de su "Mundo Primitivo". Agregando un cero al LOCO, equivocándose en los números del EREMITA y de la templanza agregando un pie a la mesa del malabarista, transformando el cetro del Papa, dibujando el Ahorcado de pie etc., pretende también corregir los "errores" del original y, ignorando sus inexactitudes, dándole al Tarot un origen puramente inventado: las 22 CARTAS
Mayores serán jeroglíficos perteneciendo al "Libro del Toth" rescatado de las ruinas egipcias hace mas de mil años... Diez años mas tarde, un adivino, el barbero Eteilla "restaura" la "significación" del Tarot de Marsella y establece entre sus Lames fantasiosas unas menos fantasiosas relaciones con la Astrología y la Kabbale. ¡Y desde entonces, miles de libros fueron escritos demostrando que el Tarot toma su fuente de los Egipcios, los Chaldeos, los Hebreos, los Arabes, los Hindus, los Griegos, los Chinos, los Mayas, los Extraterrestres, los Suprahumanos, cuando no se evoca al Atlántida o a Adam si mismo susceptibles de haber dibujado los primeros bosquejos! La palabra TAROT seria egipcia (TAR: caminos; RO, ROS, ROB: real), hindu-tartaro
(TAN-TARA: zodiaco), hebreo (TORA: ley), latín (ROTA: rueda; ORAT: el habla), sánscrito (TAT: el todo; TAR-O: estrella fija), Chino (TAO), etc.
Diferentes grupos étnicos y religiosos, diferentes sociedades secretas se han reivindicado la paternidad: Gitanos, Judíos, Masones, Rosa-Cruz, Sofistas... Encontramos influencias de los evangelios y del relato del Apocalipsis (en las Lames como EL MUNDO, EL AHORCADO, LA EMPERATRIZ, LA JUSTICIA, LA TEMPLANZA, LA FUERZA, EL DIABLO, EL PAPA, EL JUICIO), enseñanzas tantricas, del "YI KING" y del calendario solar azteca. Algunas ven en el Tarot una obra de alquimia, kabbalistica, astrológica, aritmomancica. Cada sociedad, cada nudo esotérico, cada rama de la magia, cada Iniciado, cada nacionalidad, cada artista sienten entonces la necesidad de pintar por fin el verdadero Tarot.
Violeta
La celebridad de Violeta Parra es tan grande que es muy poco lo que yo puedo revelar de ella. La conocí en París, donde vino en dos ocasiones. Primero en 1954 (por dos años) y después en 1961 (por tres años). En el primer período, aún no famosa, para ganarse la vida cantó en un pequeño bar del Barrio Latino, L’Escale. Su sueldo miserable sólo le permitía pagarse un cuarto de hotel de una estrella y cocinar ahí una modesta comida estilo chileno –carbonada, pastel de choclo, ensalada de tomate con cebolla– que muchas veces compartió con sus seis principales amigos, uno de los cuales era yo. Lo cuenta en su libro Décimas. Autobiografía en versos: “Para mi amigo Alejandro que me alentara en París con una flor de alhelí y una amistosa sonrisa, su mano fue una delicia allá en esa vida ausente; ayer sembraste simiente hoy florecen y fructifican”. Dice que yo la alenté en París, pero fue lo contrario. Su tenacidad y energía me contagiaron. Violeta cantaba desde las diez de la noche hasta las cuatro de la mañana, luego se levantaba a las ocho y corría a grabar los cantos chilenos que había recogido de labios de viejas campesinas –“a lo humano y a lo divino”–, ya fuera para Chant du Monde o para la Fonoteca Nacional del Museo del Hombre. Yo protesté:
–Pero Violeta, ¡si no te dan ni un céntimo! ¡Tienes que darte cuenta de que, en nombre de la cultura, te están estafando!
–No soy tonta, sé que me explotan. Sin embargo, lo hago con gusto: Francia es un museo. Conservarán para siempre estas canciones. Así habré salvado gran parte del folklore chileno. Para el bien de la música de mi país, no me importa trabajar gratis. Es más, me enorgullece. Las cosas sagradas deben existir fuera del poder del dinero.
Violeta me dio una inolvidable lección. Gracias a su ejemplo he leído el Tarot y dado consejos de Psicomagia de forma gratuita.
Cuando regresó a París, siete años después, ya era una cantante conocida y respetada en Chile no sólo por su arte sino también por sus valiosas investigaciones de su olvidado folklore. Grabó sus propias canciones (“Gracias a la vida”, entre ellas) para el sello Barclay. Actuó en el escenario central de la fiesta del diario comunista L’Humanité. A pesar de todo ello, siguió siendo una mujer con la apariencia de una humilde campesina; y su cuerpo menudo encerraba un alma de una fuerza sobrehumana... Paseándome con ella por las orillas del Sena, llegamos frente al Palacio del Louvre.
–¡Qué imponente museo! –le dije–. El peso de tantas obras de arte, de tantas grandes civilizaciones, a nosotros, pobres chilenos sin tradición, con chozas de paja en vez de pirámides, con humildes cacharros de greda en lugar de esfinges, nos aplasta.
–Calla –me contestó altiva–. El Louvre es un cementerio y nosotros estamos vivos. La vida es más poderosa que la muerte. A mí, que soy tan pequeña, ese enorme edificio no me asusta. Te prometo que pronto verás ahí dentro una exposición de mis obras...
No supe si considerarla loca o aquejada de una ingenua vanidad. La conocía como cantante, no como artista plástica.
Violeta contaba con muy poco dinero. Compró alambre, arpillera barata, lanas de colores, greda, algunos tubos de pintura. Y con esos humildes materiales creó tapices, cántaros, pequeñas esculturas, óleos. Eran sus propias obras y, al mismo tiempo, la expresión de un folklore chileno desaparecido en la realidad, pero atesorado en las profundidades del inconsciente de mi amiga. ¡En abril de 1964, Violeta Parra inauguró su gran exposición en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsan, del Palacio del Louvre!
Esta increíble mujer me enseñó que, si queremos algo con la totalidad de nuestro ser, acabamos lográndolo. Lo que parece imposible, con paciencia y perseverancia se hace posible.
Este fragmento pertenece al prólogo de El Maestro y las magas
Loco genio o mentiroso?.
En tus libros, nos has revelado una forma de ver el mundo diferente, has hecho revivir el concepto de guerrero espiritual, has vuelto a poner de actualidad el trabajo sobre el sueño lúcido y sin embargo no sé si eres un loco, un genio o un mentiroso.
Este fragmento pertenece a La Danza de la Realidad
Muchacha Inteligente.
¡Pensar es crear y crear es creer; no permitas que entre la duda en tu alma, no te alejes de la realidad en la que crees, implántala, tu puedes hacerlo, este mundo es tuyo! ¡Ponte de rodillas: si rezas con todas tus entrañas, la ilusión se hará realidad!
Este fragmento pertenece a El Niño del Jueves Negro
Frase Mariposa
" ...el apocalipsis aquí está. Los americanos saben de esto, de que la única esperanza son los platillos voladores. ¿Usted sabe cómo veo el mundo? Como una persona que está muriendo. Como un gusano que está muriendo para hacer una mariposa. No debemos detener al gusano, debemos ayudarlo a morir para ayudar a la mariposa a nacer. Necesitamos bailar con la muerte. Este mundo está muriendo, pero muy bien. Haremos una mariposa enorme, grande, grande. Usted y yo seremos los primeros movimientos en las alas de la mariposa porque estamos hablando de esto. "
- ¿Es verdad que tú eres muy valiente porque siempre estás afrontando el escándalo?
- Estoy muy contento, Alejandro, que me hayas hecho esta pregunta. No soy "valiente". Por el contrario, soy extremadamente miedoso. Pero debo aclararte que para mí, miedoso no es sinónimo de cobarde ni de angustiado. Asistí a una conferencia de Erich Fromm donde este sociólogo expuso la diferencia entre la angustia y el miedo. Se tiene angustia cuando no se sabe a qué se teme. La sociedad actual es una sociedad angustiada porque no quiere enfrentar sus problemas.
Históricamente hemos ido sufriendo muchos contratiempos que han sido verdaderas patadas para nuestro orgullo humano. Nos arrojaron del centro del universo probando que el Sol no giraba alrededor nuestro. Luego supimos que el astro rey era muy pequeño, que estábamos existiendo en una ínfima galaxia, que éramos una mota de polvo perdida en la inmensidad del infinito. Freud destronó a la "razón" y nos demostró que éramos dominados por el inconsciente. Marx nos reveló que casi todos los problemas no tenían raíz en el "alma", sino en la realidad económica... el alma podía mejorar si el país tenía una economía bien dirigida. Gurdjieff, en el terreno esotérico, afirmó que nada hacemos, que todo no sucede; que somos máquinas... etc. La civilización occidental sólo nos enseña a vivir, pero rehuye enseñarnos a morir. Todo lo que tenga que ver con desintegración o muerte es considerado negativo...
El hombre actual está angustiado. No sabe, repito, a qué le teme. No se deja hipnotizar por miedo a comportarse de una manera extraña, ni quiere ir al psiquiatra porque le pueden decir lo que es y él tiene angustia de saber qué es en realidad. Fromm aconseja transformar esa angustia en miedo. El miedo es el temor a algo "conocido". Un angustiado se oculta en su concha y no lucha contra el mundo. Un miedoso sabe quién es su enemigo y lo combate. Un cobarde sabe quién es su enemigo pero no le presenta pelea. Un cobarde es un ser despreciable, quizás mucho más que el angustiado. Un miedoso es un ser positivo. Ahora bien, un valiente, el que no teme a nada, es un inconsciente o un idiota. Es el falso superhombre que se inmola inútilmente sin decirse que su deber es mantenerse vivo la mayor parte de su vida para luchar incansablemente. Es más difícil vivir que morir...
La mayor parte de los ciudadanos, no tienen vergüenza de su angustia porque la ocultan bajo el alcohol o los demás narcóticos y transforman su angustia en un "patín loco" o en una "onda formidable". Si tienen vergüenza del miedo y se hacen pasar por héroes (de tertulia). Se necesita humildad para decir: le temo a mis enemigos, son fuertes, son poderosos; a veces tienen la razón en las críticas que me hacen; pueden dañarme, etc. Aceptando al enemigo exterior e interior... - (soy egoísta, tengo núcleos homosexuales, poseo un complejo de Edipo no resuelto, mi aparente inferioridad esconde un sentimiento narcisista de supervalía, etc) - puede entablarse con él una provechosa batalla. Si afronto el escándalo no es porque sea valiente, sino porque he vencido a mi angustia.
- Mira, Alejandro, yo te conozco desde que naciste y a mí no me engañas: ¡Tú buscas el escándalo como forma de expresión! No te interesa la obra que produces, sino el efecto que ella va a causar. Tratas de agredir para que te "noten".
- Tus frases, Alejandro, prueban lo que dicen los derviches árabes: "El peor enemigo que tenemos somos nosotros mismos". También, al agredirme así, me demuestras que la agresión es afectividad. Quien agradece mucho lo hace porque tiene una carga afectiva inconsciente que no puede expresar. Estoy seguro que la gente que odia a los negros tiene una inferioridad sexual respecto a ellos; a estos racistas les gustaría tener los atributos de la raza a la que persiguen. Tú me atacas porque me quieres. Quisieras que yo fuera lo mejor que hay en el mundo. Pero como el mundo tiene infinitos centros y nadie puede ser el mejor, te decepcionas de mí porque no puedo ser "héroe". Si en realidad me amaras sanamente, me aceptarías como soy, ni muy grande ni muy pequeño.
No intentes "mejorarme". Mejor trata de "aceptarme". Una planta es bella aunque no de duraznos. Si a un helecho le pides duraznos, terminas por matarlo. La hierba es bella siempre que no le exijas flores. Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.
Nunca busqué el "escándalo". Producir un escándalo en esta sociedad escandalosa es lo más difícil que hay. Todos los artistas superficiales han tratado de hacerlo: desde exponer un urinario como escultura (Marcel Duchamp) pasando por colgar una red descuartizada como decorado de Ballet (Maurice Bejart) hasta hacer pintar a unos erizos (Dalí). La sociedad absorbe estos escándalos formales, salen tres o cuatro artículos en los periódicos y no pasa nada.
La única posibilidad de escandalizar actualmente es tratar por todos los medios de no hacerlo. Tratar de expresar la VERDAD. En una sociedad de mentirosos, la VERDAD es escándalo. En una sociedad degenerada, la HONESTIDAD es escándalo. En una sociedad enferma, la SALUD es escándalo., En una sociedad hipócritamente religiosa, el VERDADERO MISTICISMO es escándalo.
Si mis obras han escandalizado, debo sentirme orgulloso, no del ruido que han hecho, sino de que, hiriendo, prueban que algo tienen de verdadero.
El primer escándalo de nuestra civilización es Cristo. Los evangelios son la historia del gran escándalo que provocó un Dios diciendo verdades tan humanas que fue crucificado. No ha habido una sola idea, doctrina, arte que haya nacido tranquilamente si tenía valores. La verdad al nacer ilumina tinieblas. Estas tinieblas se convulsionan y agreden. Lo nuevo en cultura es sinónimo de destrucción de otras culturas. Los que hacen el escándalo no son los creadores, sino los perezosos que, al no querer cambiar, se aferran a su enfermedad y podredumbre y segregan, como lo hace un organismo, anticuerpos para acabar con lo nuevo. Para un cuerpo enfermo, las medicinas con como un veneno que matará a los gérmenes nocivos. Dolor y muerte son los padrinos de cualquier nueva vida.
- ¿Te parece justo que en pleno siglo veinte existan pobres y ricos, mujeres con educación inferior a los hombres, odios raciales, luchas de partidos políticos, intolerancia religiosa, multiplicidad de idiomas, países con fronteras, pasaportes, aduanas, censura, matrimonio, mayoría de edad sólo a los 21 años y no a los siete años, plan de estudios obligatorio, mayor admiración para un médico que un carpintero, sacerdotes que no pueden casarse, control de natalidad no permitido, dinero, guerras, padres que nunca han estudiado para serlo, periodistas casi analfabetos y no universitarios, médicos comerciantes, políticos que no han sido ni serán psicoanalizados, burócratas que no practican yoga ni meditación Zen, libre venta de alcohol y protección a las industrias cerveceras, televisión dirigida por cretinos a millones de cerebros infantiles, telenovelas escritas por señoras degeneradas mentalmente, automóviles funcionando a gasolina y envenenando la atmósfera del planeta, etc?
- Nunca pensé que el mundo estuviera así. Como soy un artista no me preocupa de la realidad. Me has aterrado. ¡Hay que hacer algo! Por ejemplo: Inmediatamente correr a todos los periodistas. Dejar los periódicos reducidos momentáneamente a una escueta y pequeña hoja informativa e inaugurar una UNIVERSIDAD DEL PERIODISMO. Allí se les enseñará que su actividad es una de las más importantes para la construcción de un país. Cada letra que escriban debe ser un ladrillo positivo para mejorar el mundo. Aprenderán la honradez y la objetividad.
Cerrar también los canales para sanearlos de su inmundicia. Constituir un consejo de las más altas personalidades del país, las más evolutivas y hacer que ellas dirijan la televisión. Ningún simple particular tiene derecho, para lucrar, de invadir los hogares con imágenes imbéciles. La televisión es patrimonio del país. El pueblo tiene derecho a una televisión humana, sana, inteligente, educativa.
Mandar al psiquiatra a todos los profesores primarios. También a meditación yoga. Subirles el sueldo. Ellos tienen en sus manos a la juventud... Deben por lo tanto gozar de sueldos tan elevados como los de un cantante de tangos o de un dueño de estacionamientos.
En fin... seguiré pensando sobre este terrorífico tema y te iré contando lo que se me ocurra
La Mejor Bicicleta
Un joven solía salir con sus amigos a pasear por el campo en bicicleta. Amaba la tierra fragante, el verde de las praderas, el esplendente color de las flores. Un día se dijo: “¡Mejoraré mi bicicleta para poder viajar por el mundo entero!” Trabajó sin descanso agregándole ruedas poderosas, mecanismos nuevos. Aumentó su ambición: “¡Será la mejor del mundo!” Le dio grandes motores, faros de kilométricos alcances, defensas puntiagudas. Lo que había sido una simple bicicleta era ahora un vehículo más grande que una casa. El joven, envejecido por el continuo esfuerzo, comenzó a cubrir su carruaje con placas de oro. “¡Estos adornos no son útiles, pero provocarán envidia!”
Una mañana de primavera llegaron sus amigos a buscarlo. “¡Ven a pasear por el campo! ¡Respiremos aire puro!” En la oscuridad de su taller, en medio de los gases de la gasolina, pegado al dorado monumento que había perdido la facultad de desplazarse, el anciano les respondió: “¡No puedo ir! ¡Tengo que cuidar mi valiosa bicicleta!” Llenó la casa de trampas, alarmas, cañones. Desde una ventana enrejada observó las alegres cabriolas de los ciclistas. Exclamó con odio: “¡Como no tienen nada, algún día van a tratar de robarme la bicicleta! ¡Será mejor que los destruya ahora mismo con mis cañones!”
La Bolita
Por exigencias del protocolo, un rey que tiranizaba sin piedad al pueblo, tenía que salir de su fortaleza en una carroza de oro, recorrer la Avenida Central hasta el parque en donde lo esperaba su ejército, y rendir honores a la bandera.
Tanto era el descontento que su régimen rapaz había sembrado, que el tirano temía por su vida. Sus secuaces tomaron todas las precauciones imaginables: el mandatario fue cubierto con una malla de acero; la carroza, rodeada por lanceros montados a caballo; el camino, bordeado por espadachines para impedir que el pueblo se acercara al carruaje dorado. En los techos y ventanas se distribuyeron miles de arqueros prestos a lanzar sus flechas al menor gesto sospechoso. Cerraron las vías de acceso y sólo dejaron entrar ciudadanos que habían sido celosamente registrados. Para rematar estas cautelas, colocaron escudos en la carroza y un techo de acero... ¡Comenzó el desfile!
La multitud, aterrada, no osaba mover un dedo.
Un anciano que estornudó fue atravesado por cien flechas... El hijo de un guardián, sentado junto a su padre, jugaba a las canicas mientras éste vigilaba a los espectadores. El niño, al ver ese imponente y amenazador carruaje, se asustó tanto que dejó caer una de sus bolitas. Ésta rodó por entre los cascos de los caballos y fue a dar justo debajo de una rueda que, al pasar sobre ella, rebotó y salió de su eje provocando que el carro se volcara y que el tirano pereciera aplastado bajo el peso de sus blindajes.
El León y el Burro
Por unanimidad, el león fue nombrado Emperador de la Selva. Al comienzo, el digno cargo lo llenó de orgullo, pero a los pocos días se angustió. En todos los claros y rincones estallaban crueles batallas. Nadie podía caminar con seguridad por los senderos. Al caer el sol, los animales se encerraban temblando en sus madrigueras.
Muchas especies habían dominado el secreto del fuego y mantenían brasas ardientes dispuestas a quemar la selva si fuera preciso, aunque la mayor parte de sus habitantes pereciera... El Emperador llamó al burro, su Primer Ministro. Lloró amargamente junto a una de sus largas orejas. “¡Mi fiel colaborador, nunca tendré fuerzas para solucionar tan enorme problema! ¡Vamos hacia la destrucción!”
El burro, con gran esfuerzo, pensó y luego dijo:
“Querido amo, si usted no llega a resolver un problema inmenso, trate por lo menos de resolver un problema pequeño, que esté al alcance de sus fuerzas. ¿Puede ordenar la selva entera?” “¡No!”
“Trate entonces de ordenar el área en la que usted vive.”
“¡No puedo —contestó el león
— porque hay tantas envidias en mi corte que no logro organizar un ejército!”
“¡Entonces, ordene su corte!”
“¡Imposible! ¡Hay tales disputas en mi propia familia que no tengo tiempo de pensar en otras cosas!”
“¡Entonces, oh Majestad, solucione los problemas de su familia!”
“¡No puedo, pedazo de burro, porque yo mismo me debato entre las ansias de servir a mi pueblo y el deseo voraz de comérmelo!” Y la fiera saltó sobre su Primer Ministro.
El burro, mientras era devorado, pensó: “Esto me pasa por tratar de mejorar al león antes que a mí mismo”.
27.5.10
Las doce deformaciones
de Alejandro Jodorowsky
“... Los cuatro palos del Tarot –el Oro, el Basto, la Espada y la Copa- nos simbolizan: hablan del cuerpo, del sexo, del intelecto y de la energía emocional. Estos cuatro aspectos de nosotros nos conducirán a nuestro Dios interior...”
“...El desequilibrio surge con la aparición de deformaciones. Éstas son en número de doce, y se caracterizan por el desborde o la invasión de una energía en el dominio de sus compañeras...”
Cuando el Oro está en su lugar, es decir cuando el cuerpo es vivido plenamente por lo que es, ello corresponde a la perfección. El problema aparece en el momento en que las otras tres energías vienen a parasitar el cuerpo o cuando él mismo se sustituye con las demás energías.
La Espada invade al Oro: el cuerpo está dirigido por el intelecto: lo debilitan las concepciones y las ideas. Esto produce lo que llamamos “un intelectual”, que no se permite a su cuerpo vivir y expresarse. Lo inhibe. Se mueve mal, baila mal: está contraído.
El Basto en el Oro: el cuerpo se vuelve un puro objeto sexual. Se vive en la seducción. El aspecto exterior es primordial en detrimento del interior. La persona en este caso es cínica y destructiva, porque no se concibe sino como un objeto. El tiempo que transcurre inexorablemente es, desde luego, resentido como una angustia y, mientras más esa persona pierde la carrera contra el tiempo, más su cuerpo se vuelve su enemigo.
La Copa en el Oro: el cuerpo es invadido por lo emocional: es manso, rollizo, blando, perezoso. Está siempre en demanda de calor y se aferrará a os demás para recalentarse, así como para ser hospedado y alimentado.
Una energía sexual equilibrada es maravillosa. Parasitada, produce tres deformaciones posibles:
La Espada en el Basto (el intelecto en el sexo): produce la frigidez, la impotencia, la eyaculación precoz, etcétera.
El sexo posee su propia sabiduría, e invadirlo con teorías o doctrinas resulta inútil, y aún nocivo. Es naturalmente perfecto, místico, divino. ¡Dejemos de culpabilizarlo, de disfrazarlo, de huir de él! Dejémoslo vivir tal cual es. Me niego a pensar que portaos en nuestro cuerpo cualquier cosa sucia o diabólica. Esta maravillosa energía está en raíz de nuestra creatividad. Y además, es ella la que transmite la eternidad.
La Copa en el Basto: No hay orgasmo. La relación sexual se diluye en una insaciable demanda de ternuras y caricias. La molicie será la palabra clave de esta deformación. El orgasmo no puede realizarse porque el animal interior no tiene la posibilidad de manifestarse en todo su poder. La energía sexual no es brutal, y sin embargo es poderosa. En un momento dado hay que vivirla como tal, sin tener miedo de ahogarse en ella puesto que, una vez el deseo realizado, se vuelve siempre a la personalidad base. Las personas que tienen miedos infantiles piensan que morirán si se dejan sumergir por esta energía.
El Oro en el Basto: conduce a la prostitución. Se valora el sexo por otros motivos que el esencial, que consiste en encontrar la verdad divina. Esa invasión de lo material en esta energía divina es una verdadera desgracia.
La Copa habla de la energía emocional.
La Espada en la Copa: cuando la copa es parasitada por la espada, la energía emociona, que permite entrar en comunicación con el otro, se vuelve calculadora. Todo es sopesado, contabilizado, cada gesto hacia el otro espera una respuesta, un reembolso. “te hablé ayer por teléfono: ¡hoy es tu turno!” “Si das un paso hacia mí, daré un paso hacia ti”, etcétera. El cálculo en la relación amorosa es algo extremadamente penoso.
El Basto en la Copa: produce un corazón posesivo y celoso. Caer en las manos de una persona de este género, es una pesadilla, y tener uno mismo esta deformación es otra pesadilla. Los celos con una plaga que revela un feroz complejo de inferioridad y de abandono. El “el miedo a que alguien dé al ser amado lo que yo no le pueda dar”.
El Oro en la Copa: la energía emocional se vuelve fría. El corazón es cerrado y egoísta.
Tener un corazón cerrado no significa que no se pueda amar, sino que se está lleno de un amor que la persona no puede expresar. Está anestesiado. Esta obstrucción emocional nace cuando un niño no ha sido verdaderamente amado y cuando no ha podido expresar su amor. Al crecer, esta persona, inhibida en tal energía, forma un caparazón para protegerse. Sin embargo, querámoslo o no, somos seres que aman. La copa está llena de amor.
Cuando la energía intelectual, que es sin duda muy bella, resulta deformada por las otras, crea tres tipos posibles de comportamiento:
El Basto en la Espada (la sexualidad en el intelecto): el espíritu de competición, la agresividad, la violencia y la dominación son las características de un ser en el cual los pensamientos son parasitados por su sexualidad. El pensar se vuelve una forma de poseer al mundo. La comunicación resulta salpicada de agresiones en la meta de herir al interlocutor.
En este tipo de deformación, se desea también ocupar el sitio del otro. Creemos que su pensamiento es mejor que el nuestro.
La Copa en la Espada (lo emocional en el pensamiento): quien lo padece halla difícil controlarse, puesto que se encuentra nadando en un magma emocional. No llega verdaderamente a concentrarse, a centrarse, a pensar. Desde el momento en que intenta resolver un problema, se sumerge en la confusión y el caos. Todo se vuelve problemático porque esta persona no piensa: resiente. En esta deformación, los sujetos tienden a beber alcohol y a drogarse.
El Oro en la Espada: produce seres extremadamente materialistas que sólo piensan en el dinero. Aquí no hay imaginación o propósitos espirituales. La persona se queda pegada a lo material: ninguna posibilidad de desarrollar un alma.
En tanto que no hemos encontrado a nuestro Dios interior, bordeamos una u otra de estas deformaciones, y a veces incluso varias de ellas.
“... Los cuatro palos del Tarot –el Oro, el Basto, la Espada y la Copa- nos simbolizan: hablan del cuerpo, del sexo, del intelecto y de la energía emocional. Estos cuatro aspectos de nosotros nos conducirán a nuestro Dios interior...”
“...El desequilibrio surge con la aparición de deformaciones. Éstas son en número de doce, y se caracterizan por el desborde o la invasión de una energía en el dominio de sus compañeras...”
Cuando el Oro está en su lugar, es decir cuando el cuerpo es vivido plenamente por lo que es, ello corresponde a la perfección. El problema aparece en el momento en que las otras tres energías vienen a parasitar el cuerpo o cuando él mismo se sustituye con las demás energías.
La Espada invade al Oro: el cuerpo está dirigido por el intelecto: lo debilitan las concepciones y las ideas. Esto produce lo que llamamos “un intelectual”, que no se permite a su cuerpo vivir y expresarse. Lo inhibe. Se mueve mal, baila mal: está contraído.
El Basto en el Oro: el cuerpo se vuelve un puro objeto sexual. Se vive en la seducción. El aspecto exterior es primordial en detrimento del interior. La persona en este caso es cínica y destructiva, porque no se concibe sino como un objeto. El tiempo que transcurre inexorablemente es, desde luego, resentido como una angustia y, mientras más esa persona pierde la carrera contra el tiempo, más su cuerpo se vuelve su enemigo.
La Copa en el Oro: el cuerpo es invadido por lo emocional: es manso, rollizo, blando, perezoso. Está siempre en demanda de calor y se aferrará a os demás para recalentarse, así como para ser hospedado y alimentado.
Una energía sexual equilibrada es maravillosa. Parasitada, produce tres deformaciones posibles:
La Espada en el Basto (el intelecto en el sexo): produce la frigidez, la impotencia, la eyaculación precoz, etcétera.
El sexo posee su propia sabiduría, e invadirlo con teorías o doctrinas resulta inútil, y aún nocivo. Es naturalmente perfecto, místico, divino. ¡Dejemos de culpabilizarlo, de disfrazarlo, de huir de él! Dejémoslo vivir tal cual es. Me niego a pensar que portaos en nuestro cuerpo cualquier cosa sucia o diabólica. Esta maravillosa energía está en raíz de nuestra creatividad. Y además, es ella la que transmite la eternidad.
La Copa en el Basto: No hay orgasmo. La relación sexual se diluye en una insaciable demanda de ternuras y caricias. La molicie será la palabra clave de esta deformación. El orgasmo no puede realizarse porque el animal interior no tiene la posibilidad de manifestarse en todo su poder. La energía sexual no es brutal, y sin embargo es poderosa. En un momento dado hay que vivirla como tal, sin tener miedo de ahogarse en ella puesto que, una vez el deseo realizado, se vuelve siempre a la personalidad base. Las personas que tienen miedos infantiles piensan que morirán si se dejan sumergir por esta energía.
El Oro en el Basto: conduce a la prostitución. Se valora el sexo por otros motivos que el esencial, que consiste en encontrar la verdad divina. Esa invasión de lo material en esta energía divina es una verdadera desgracia.
La Copa habla de la energía emocional.
La Espada en la Copa: cuando la copa es parasitada por la espada, la energía emociona, que permite entrar en comunicación con el otro, se vuelve calculadora. Todo es sopesado, contabilizado, cada gesto hacia el otro espera una respuesta, un reembolso. “te hablé ayer por teléfono: ¡hoy es tu turno!” “Si das un paso hacia mí, daré un paso hacia ti”, etcétera. El cálculo en la relación amorosa es algo extremadamente penoso.
El Basto en la Copa: produce un corazón posesivo y celoso. Caer en las manos de una persona de este género, es una pesadilla, y tener uno mismo esta deformación es otra pesadilla. Los celos con una plaga que revela un feroz complejo de inferioridad y de abandono. El “el miedo a que alguien dé al ser amado lo que yo no le pueda dar”.
El Oro en la Copa: la energía emocional se vuelve fría. El corazón es cerrado y egoísta.
Tener un corazón cerrado no significa que no se pueda amar, sino que se está lleno de un amor que la persona no puede expresar. Está anestesiado. Esta obstrucción emocional nace cuando un niño no ha sido verdaderamente amado y cuando no ha podido expresar su amor. Al crecer, esta persona, inhibida en tal energía, forma un caparazón para protegerse. Sin embargo, querámoslo o no, somos seres que aman. La copa está llena de amor.
Cuando la energía intelectual, que es sin duda muy bella, resulta deformada por las otras, crea tres tipos posibles de comportamiento:
El Basto en la Espada (la sexualidad en el intelecto): el espíritu de competición, la agresividad, la violencia y la dominación son las características de un ser en el cual los pensamientos son parasitados por su sexualidad. El pensar se vuelve una forma de poseer al mundo. La comunicación resulta salpicada de agresiones en la meta de herir al interlocutor.
En este tipo de deformación, se desea también ocupar el sitio del otro. Creemos que su pensamiento es mejor que el nuestro.
La Copa en la Espada (lo emocional en el pensamiento): quien lo padece halla difícil controlarse, puesto que se encuentra nadando en un magma emocional. No llega verdaderamente a concentrarse, a centrarse, a pensar. Desde el momento en que intenta resolver un problema, se sumerge en la confusión y el caos. Todo se vuelve problemático porque esta persona no piensa: resiente. En esta deformación, los sujetos tienden a beber alcohol y a drogarse.
El Oro en la Espada: produce seres extremadamente materialistas que sólo piensan en el dinero. Aquí no hay imaginación o propósitos espirituales. La persona se queda pegada a lo material: ninguna posibilidad de desarrollar un alma.
En tanto que no hemos encontrado a nuestro Dios interior, bordeamos una u otra de estas deformaciones, y a veces incluso varias de ellas.
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