por PATRICIO DÍAZ PAZOS
« INTRODUCCIÓN »
Al tomar la pluma con la intención de escribir algún tema sobre física teórica que fuera atractivo, especialmente para mí -- y en esto creo ser sincero -- ya que nunca podría referirme a algo literalmente si no sintiera una especial atracción por ello, dentro de una selección, tomé la decisión de hacer un desarrollo literario sucinto sobre lo que he podido estudiar y entender sobre lo que se ha venido llamando, dentro del mundo de la física teórica, Teoría de las Supercuerdas, conocida como TSC.
Pero antes de partir con lo que me he propuesto, considero oportuno puntualizar algunos aspectos que tienen que ver con una posición personal frente a la TSC.
Aunque otras veces ya me he referido literariamente a esta teoría y he precisado mi falta de convicción para con ella lo que, necesariamente, no significa un rechazo o descalificación; sin embargo, estoy convencido que la poca convicción que profeso para con la Teoría de las Supercuerdas es posible que quede reflejada en las palabras que a continuación escriba sobre ella, aunque ello, en ningún caso, signifique una falta de
reconocimiento al crédito científico que se merece. Apelo a que se me acepten estas palabras de explicación.
Einstein, como otros físicos teóricos, pasaron y pasan gran parte de su vida, intentando alcanzar un prodigio científico que tal vez era y/o es imposible: unir la Teoría de la Relatividad con la de la Mecánica Cuántica que describe el universo a escala atómica.
No logró Einstein su sueño de enlazar las leyes físicas del macrocosmo con las del microcosmo, ni tampoco, hasta ahora, lo han logrado otros muchos estudiosos, lo que se ha venido a convertir en una aspiración generalizada del estudio sobre el funcionamiento del universo.
La generalidad de los físicos teóricos buscan estructurar una gran unificación entre la Teoría de la Relatividad General y la Mecánica Cuántica. La primera, comporta toda la capacidad necesaria para explicar los efectos de la fuerza gravitatoria sobre un espaciotiempo curvo. Sin embargo, no se ha podido distinguir consecuencias precisas de las posibles fuerzas que actúen sobre una partícula, ya que ésta sigue, normalmente, una trayectoria inercial o toma el camino más corto posible, describiendo como una
geodesia sobre el espacio-tiempo curvo. Por ello, explicar todas las fuerzas conocidas bajo el alero de una misma idea, un concepto, una sola teoría, representa la más cara aspiración que embarga a los científicos focalizados en entender el total comportamiento de la naturaleza. Muchos de ellos, piensan que si ello se logra, también se habría colocado término al camino que ha seguido, dentro de la humanidad, el
desarrollo de la física.